Entrevistas: Por una pedagogía de la pregunta

 

12/10/10

 – La Ventana (Habana) –

Entrevista realizada por Esther Pérez y Fernando Martínez Heredia a
Paulo Freire en 1987, en La Habana: «la tolerancia es una virtud no
solamente espiritual, sino también revolucionaria, que significa la
capacidad de convivir con el diferente para luchar contra el
antagónico. Esto es la tolerancia»

por Esther Pérez y Fernando Martínez Heredia

Paulo Freire nació en 1921. O, como él mismo dice, “poco después del
triunfo de la Revolución de Octubre”. Joven aún, pero casado ya con
Elza, su compañera a lo largo de 40 años, comenzó a dirigir el Sector
de Educación del Servicio Social de la industria en Recife. De su
experiencia en esa institución a dicho Freire: “Me fui espantado y
tratando de comprender la razón de ser del espanto […] aprendiendo,
de un lado, a dialogar con la clase trabajadora, y de otro, a
comprender su estructura de pensamiento, su lenguaje, a entender lo
que yo llamaría la terrible maldad del sistema capitalista”. Allí, sin
llamarla aún así, comenzó a hacer y a pensar la educación popular.

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Carta del Colectivo del Programa Cubano de Alfabetización “Yo, sí puedo” para la ciudad española de Sevilla

Estimados educadores cubanos:

Llegamos al 49 aniversario de la culminación de vuestra gloriosa Campaña Nacional de Alfabetización sitiados en un mundo convulso y revuelto, donde la hegemonía de las grandes potencias occidentales aboga en todo momento por su arrogante y egoísta política de imposición de sus intereses al precio que sea necesario.

En el año 2009, los gastos militares subieron a un billón 531 millones de dólares, en momentos en que las Naciones Unidas está solicitando a los países desarrollados una financiación de 11.000 millones de dólares para sufragar los gastos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y la cifra no ha rebasado el 50%.

La brecha de las desigualdades es cada vez más profunda, la cantidad de personas que padecen hambre en el mundo creció a la cifra récord de mil 20 millones y el de analfabetas ascendió a 796 millones.

Tal radiografía mundial le ha permitido al pueblo cubano engrandecerse ante situaciones adversas, pues m ientras las grandes potencias intentan restablecer una supuesta “paz” en el mundo, generando guerras, muertes, hambre y miseria, Cuba sigue dando lecciones de lucha contra la pobreza, el hambre, las enfermedades y el analfabetismo a escala mundial.

El desarrollo educacional cubano, a raíz de la culminación de la Campaña Nacional de Alfabetización el 22 de diciembre de 1961, posibilitó tal proeza. Sólo con la aplicación del novedoso programa cubano de alfabetización “Yo, sí puedo” en 30 países, Cuba ha contribuido a sacar de la oscuridad de la ignorancia a cinco millones de personas, varios miles pertenecientes a países del llamado Primer Mundo como Nueva Zelanda, Canadá y España.

También fruto de la altruista y solidaria labor de los educadores cubanos es la graduación, e l pasado curso escolar, de 30 mil 478 técnicos y profesionales de 125 países, que estudiaron en instituciones educativas cubanas.

Por toda la obra realizada, al colectivo del Programa Cubano de Alfabetización “Yo, sí puedo” para la ciudad de Sevilla, le complace decirles: gracias educadores cubanos, gracias por esa grandeza humana, gracias por esa solidaridad desmedida y mil veces gracias por demostrar que un mundo mejor es posible.

Donde quiera que estén, reciban nuestras más sinceras felicitaciones en este grandioso “Día del Educador” y el total apoyo por la firmeza y lealtad a sus ideas, a sus principios y a sus convicciones.

¡Hasta la victoria siempre!

Equipo del Programa Cubano
de Alfabetización para Sevilla
“Yo, sí puedo”
Sevilla, 22 de diciembre de 2010.

LA ALTERNATIVA SIGUE SIENDO LA EDUCACIÓN POPULAR

José Enrique González Ruiz.

 

Tener no es signo de malvado
y no tener tampoco es prueba
de que acompañe la virtud.
Pero el que nace bien parado,
en procurarse lo que anhela
no tiene que invertir salud.
“Canción de Navidad”. Silvio Rodríguez.
 

¿Es populista la educación popular?

Sería iluso negar que durante los últimos veinticinco años el pensamiento neoliberal gozó de prestigio, sobre todo en los medios masivos de información. La derrota temporal de los experimentos de organización social alternativos al capitalismo, puso a la defensiva a las teorías que se basan en la participación de los gobernados en el diseño y aplicación de decisiones políticas. Entre los planteamientos que entraron en crisis está el de la educación popular.

En efecto, quienes pugnaron por la reconversión educativa (disfrazada de “revolución”), a instancias de los bancos educadores, o sea del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, entre los más destacados, culparon de todo tipo de males a los esfuerzos por construir propuestas educativas diferentes a las oficiales. Todo lo relacionado con la democracia, la expansión del servicio educativo a toda la población y la participación de los actores en las determinaciones esenciales, fue denostado como “populismo”.

En todos los espacios de la sociedad donde se habían puesto en práctica experimentos innovadores, que buscaban la conformación de modelos educacionales que respondieran a las demandas de los sectores mayoritarios de la población, se entró en receso a partir de la década de los ochenta del siglo XX. El campo se dejó libre al pensamiento conservador, que registró importantes avances.

Lo esencial fue que se creó un sentimiento de culpa en la conciencia de los actores del proceso educativo. Los diagnósticos oficiales dictaminaban que todo estaba mal y que los responsables eran nada menos que los maestros y los alumnos, por negarse a admitir los cambios de la globalización neoliberal. Evaluador dixit fue como dictado divino. No tenía sentido cuestionar la urgencia de transformaciones, aunque no se sabía de qué se trataba en concreto. Fue así como dio inicio la era neoliberal, que ciertamente modificó de raíz todo lo relacionado con el quehacer educativo.

Vimos al finalizar el siglo pasado la frenética producción de ideología tendiente a demostrar la caducidad de las ideas educacionales de antaño, y la bondad de los postulados neoliberales. Se prestigiaron ideas como la privatización, la desregulación, la evaluación externa, la paulatina desaparición de las jubilaciones y pensiones, el desmembramiento de los contratos colectivos de trabajo, la neutralización de los sindicatos, la reforma de los planes de estudios para ajustarlos a las necesidades del capital, la intervención del gobierno en el manejo de los presupuestos de las Instituciones educativas superiores, la virtual anulación de la autonomía universitaria, la aparición del financiamiento por programas específicos para controlar la tarea de los docentes e investigadores, la desaparición de figuras como el ayudante de profesor o de investigador y el técnico académico, la reducción de la matrícula estudiantil con el consecuente aminoramiento de las instituciones públicas, la entrega de recursos públicos a las escuelas y fundaciones privadas, e incluso la confusión entre lo privado y lo público.

En los medios informativos, sobre todo en la televisión, se propaló que las ideas básicas de la educación popular son “populistas”. No se considera válido pelear por subsidios para las escuelas públicas, pero sí “rescatar” a los banqueros y a los industriales del azúcar en quiebra. Sigue leyendo