EL MARXISMO CRÍTICO PARA EL SIGLO XXI

Sábado 3 de abril de 2011. 

 

DR. CAMILO VALQUI CACHIINTRODUCCIÓN NECESARIA  

 

Agradezco al Dr. Hassan Dalband y a los (as) alumnos (as) de la Maestría en Derechos Humanos de la UACM, por haberme invitado a desarrollar algunos temas y problemas del marxismo crítico  para el Siglo XXI.  

Los felicito por haber abrir este espacio científico-humanístico al pensamiento universal y en particular al complejo pensamiento de Carlos Marx, extrañado de algunas universidades e instituciones de Educación del mundo por la burocracia académica y política a través de reformas educativas de mercado, sin más fundamento que la ignorancia, los prejuicios, la mediocridad y el espíritu aldeano, que ha logrado forjar la colonialidad imperial en el terreno de la conciencia y el pensamiento, particularmente en América Latina y El Caribe.

También los felicito, por la orientación Inter. y multidisciplinaria de sus trabajos de investigación y por el pensar críticamente los principales paradigmas filosóficos, epistemológicos y metodológicos contemporáneos, así como la propia realidad del Siglo XXI.

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Cuba: Sus avances en Derechos Humanos

Hassan Dalband (México), 23/04/2005

Cuba-L, E.U.

 

Los Derechos Humanos es un tema de actualidad en la agenda política internacional de la Organización de Naciones Unidas, sobre todo en estos días, cuando está por votarse el próximo 15 de abril la denuncia presentada por Estados Unidos en contra de Cuba, por violaciones a los Derechos Humanos. El  asunto más importante en este contexto es la batalla entre Estados Unidos y Cuba, vistos como sistemas sociales antagónicos: El capitalismo norteamericano con más de 200 años de historia que cuestiona la legitimidad del socialismo cubano nacido de un movimiento revolucionario hace 46 años. Se acusa al país caribeño por supuestas violaciones a los Derechos Humanos, pero su acusador se caracteriza por torturar y asesinar a  prisioneros de guerra en Afganistán, Guantánamo e Irak. Entender la política que impera en ambos países, requiere de aclarar algunos puntos importantes sobre las hostilidades norteamericanas contra Cuba.

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LA ALTERNATIVA SIGUE SIENDO LA EDUCACIÓN POPULAR

José Enrique González Ruiz.

 

Tener no es signo de malvado
y no tener tampoco es prueba
de que acompañe la virtud.
Pero el que nace bien parado,
en procurarse lo que anhela
no tiene que invertir salud.
“Canción de Navidad”. Silvio Rodríguez.
 

¿Es populista la educación popular?

Sería iluso negar que durante los últimos veinticinco años el pensamiento neoliberal gozó de prestigio, sobre todo en los medios masivos de información. La derrota temporal de los experimentos de organización social alternativos al capitalismo, puso a la defensiva a las teorías que se basan en la participación de los gobernados en el diseño y aplicación de decisiones políticas. Entre los planteamientos que entraron en crisis está el de la educación popular.

En efecto, quienes pugnaron por la reconversión educativa (disfrazada de “revolución”), a instancias de los bancos educadores, o sea del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, entre los más destacados, culparon de todo tipo de males a los esfuerzos por construir propuestas educativas diferentes a las oficiales. Todo lo relacionado con la democracia, la expansión del servicio educativo a toda la población y la participación de los actores en las determinaciones esenciales, fue denostado como “populismo”.

En todos los espacios de la sociedad donde se habían puesto en práctica experimentos innovadores, que buscaban la conformación de modelos educacionales que respondieran a las demandas de los sectores mayoritarios de la población, se entró en receso a partir de la década de los ochenta del siglo XX. El campo se dejó libre al pensamiento conservador, que registró importantes avances.

Lo esencial fue que se creó un sentimiento de culpa en la conciencia de los actores del proceso educativo. Los diagnósticos oficiales dictaminaban que todo estaba mal y que los responsables eran nada menos que los maestros y los alumnos, por negarse a admitir los cambios de la globalización neoliberal. Evaluador dixit fue como dictado divino. No tenía sentido cuestionar la urgencia de transformaciones, aunque no se sabía de qué se trataba en concreto. Fue así como dio inicio la era neoliberal, que ciertamente modificó de raíz todo lo relacionado con el quehacer educativo.

Vimos al finalizar el siglo pasado la frenética producción de ideología tendiente a demostrar la caducidad de las ideas educacionales de antaño, y la bondad de los postulados neoliberales. Se prestigiaron ideas como la privatización, la desregulación, la evaluación externa, la paulatina desaparición de las jubilaciones y pensiones, el desmembramiento de los contratos colectivos de trabajo, la neutralización de los sindicatos, la reforma de los planes de estudios para ajustarlos a las necesidades del capital, la intervención del gobierno en el manejo de los presupuestos de las Instituciones educativas superiores, la virtual anulación de la autonomía universitaria, la aparición del financiamiento por programas específicos para controlar la tarea de los docentes e investigadores, la desaparición de figuras como el ayudante de profesor o de investigador y el técnico académico, la reducción de la matrícula estudiantil con el consecuente aminoramiento de las instituciones públicas, la entrega de recursos públicos a las escuelas y fundaciones privadas, e incluso la confusión entre lo privado y lo público.

En los medios informativos, sobre todo en la televisión, se propaló que las ideas básicas de la educación popular son “populistas”. No se considera válido pelear por subsidios para las escuelas públicas, pero sí “rescatar” a los banqueros y a los industriales del azúcar en quiebra. Sigue leyendo

LA CIA Y LA GUERRA FRÍA CULTURAL

 Frances Stonor Saunders

 Febrero/2003

 

La “forma de propaganda más efectiva” era aquella en que “el individuo actuaba en la dirección en que se esperaba, por razones que creía eran las suyas propias”. No tiene sentido discutir estas definiciones, están basadas en documentos del gobierno y proporcionan los principales argumentos de la estrategia de la Guerra Fría cultural. Sigue leyendo

Educación y lucha de clases

Aníbal Ponce:

 

Frente a estas dos concepciones de contenidos tan opuestos, que podríamos encarnar en los nombres de Gentile y Lunatcharsky, vimos en la clase anterior que otra corriente de la nueva educación se esforzaba en tomar una actitud intermediaria. Entre el fascismo de la burguesía y el socialismo del proletariado, aspiraba a crear una educación que no tuviera que ver ni con uno ni con otro. ¿A qué clase social interpreta esa corriente? Es lo último que nos falta investigar. Cuando se escucha a los teóricos de la burguesía no puede haber muchas dudas respecto a lo que quieren; no las hay, y mucho menos, en las francas palabras del proletariado. Pero al ponernos en contacto con estos nuevos teóricos, cuyo nombre representativo podría ser lo mismo Spranger que Wyneken, todo se vuelve indeciso, confuso, vacilante. Se tiene por momentos la impresión de que sospechan algo de lo que en el mundo está ocurriendo, pero que prefieren mejor no saberlo del todo. O para decirlo en el lenguaje de un lector de la Revista de Occidente, aquellos teóricos perescrutan el drama de parturición que presenciamos sin haber logrado todavía su propia Weltanschaung… Desarraigados de un sistema de convicciones, no están todavía instalados en otro. Se sienten por lo mismo como seres sin quicio y se forman sobre todo lo que observan, opiniones que bizquean. Saben, por ejemplo, que la historia cambia y que las sociedades se transforman, pero como les asusta admitir la lucha entre las clases se contentan a la sumo con la lucha entre las generaciones. Saben también que las religiones son formas subalternas hace rato superadas, pero como no se animan a conducir hasta el fin su pensamiento, se detienen en una religiosidad sin religión, que es como decir una humedad sin agua. Ambigua situación que los obliga a reconocer en el Universo la existencia de un irracional, de una finalidad o de un elan que es a la postre otras tantas maneras de volver aceptar un Dios de barbas blancas. Como no saben ni se atreven a dar respuesta franca a ninguna de las grandes cuestiones más urgentes, aseguran que la problematicidad está en el centro de todo lo que existe, y que la filosofía, después de haberse fatigado en los grandes sistemas, debe abrazarse ahora a las aporías. Sigue leyendo

¿Guerra Sicológica o destrucción de la conciencia social?

Fabián Escalante Font
2008-08-29

Cada día, en la mañana, leemos en los periódicos o conocemos por otros
medios, noticias, debates o artículos de opinión, relativos a conflictos
políticos, sociales, laborales o de otra naturaleza, con tonos críticos, que
en aparente neutralidad enjuician tal o cual situación o la actuación de
determinada personalidad política o de cualquier esfera social, con las
secretas intenciones de formar o crear un estado de opinión determinado. Día
tras día, así se van acumulando informaciones en nuestras psiquis, muchas de
ellas tendenciosas y destinadas a conformar opiniones, que más tarde
devienen en juicios, estados de ánimos, opiniones adversas, contradicciones,
que tienen la finalidad de actuar sobre un escenario determinado,
modificarlo o incluso cambiarlo. Es precisamente eso, lo que los
especialistas han denominado “guerra sicológica”, cuyo fines políticos e
ideológicos, resultan evidentes. Sigue leyendo

Anton Makarenko

 Anton Makarenko
(1888-1939)

Este pedagogo soviético nació el 1 (día 13 del nuevo calendario) de marzo de 1888 en la ciudad de Bielopolie de la provincia de Jarkov, en aquellos años capital de Ucrania. Su padre Semión Grigorievich era un obrero pintor. Antes de pasar a vivir a Bielopolie trabajó en Kriukov, donde contrajo matrimonio con Tatiana Mijailovna Dergachova, hija de un soldado que había servido 25 años en el ejército zarista.

A diferencia de su esposo, un tanto reservado y poco comunicativo, su madre era una mujer optimista y alegre. Magnífica narradora, con un gran sentido del humor, mantenía en la familia la atmósfera de optimismo vital, que Makarenko llama con tanto acierto en sus libros tono mayor.

Era el segundo hijo en la familia, un niño muy débil y enfermizo, aunque se desarrollaba normalmente. A los cinco años ya sabía leer, y comenzó a leer mucho y con avidez, porque ya en aquellos años se manifestaron en él un carácter observador poco común, el deseo de calar hasta las causas originarias de cada fenómeno. Sigue leyendo