Cátedra “Carlos Marx”.

 

 IMPERIALIZACIÓN O GLOBALIZACIÓN:

UNA CRÍTICA MARXISTA

 

Camilo Valqui Cachi[1].

 

 

Resumen

 

La reflexiona epistemológica y metodológica que sigue, discute en torno a la esencia y apariencia del capitalismo actual. La tesis central que asume sostiene: si bien los cambios capitalistas del siglo XX y XXI han desencadenado importantes transfiguraciones en la  totalidad del sistema y en las fuerzas productivas, estas transfiguraciones sólo evidencian su carácter dialéctico y no el cambio de esencia. Las metamorfosis  sistémicas del capital no han superado su naturaleza imperialista monopolista, expoliadora, bárbara y antihumana,  que hoy se afirma a través de la compleja tendencia a la imperialización que subyace en la ruidosa ideología de la globalización, con la que pretenden embellecer al capital trasnacional contemporáneo sus escribas, así como algunos teóricos y académicos posmodernos.  

 

Palabras clave: Marx, capitalismo, metamorfosis,  esencia, apariencia, globalización, imperialización.

Las intrincadas metamorfosis del capitalismo en los siglos XX y  XXI, han conducido a la transfiguración de la totalidad capitalista y de las fuerzas productivas sobre las que este descansa, pero estos cambios no están reñidos con su dialéctica contradictoria, ni con su esencia imperialista expoliadora,[2] bárbara y antihumana que se afirma con estos cambios y que se despliega a través de la compleja tendencia de la imperialización.[3] 

Las transformaciones fenoménicas que registra el sistema capitalista no  modifican su naturaleza, como suponen algunos teóricos y académicos  al poner en entredicho la teoría del imperialismo  y reemplazarla por  ideologías liberales y sus términos de uso corriente como globalización,  mundialización y hegemonía, para la comprensión del capitalismo actual.

El abandono del enfoque epistémico marxista del imperialismo,[4] herramienta epistemológica central de  la Critica de la Economía Política, conduce a  falsear  la naturaleza expoliadora, opresora, depredadora, dominante y antihumana  capitalismo, incluido  el capitalismo transnacional del siglo XXI. El abandono del análisis marxista lleva también a mistificar sus metamorfosis y sobretodo su carácter histórico con la obcecación  de naturalizarlo y eternizarlo.

El término de “globalización” (de uso anglosajón)  y su equivalente de “mundialización” (de uso francés), se utilizan por lo general como sinónimos. Conforman hoy una semántica ideológica de moda que se ha popularizado rápidamente a través de todas las redes mediáticas del capital trasnacional,  hasta convertirse en  una jerga  ideológica  de uso planetario

La idea que vierten los teóricos y economistas sistémicos, es que nos encontramos hoy, ante un proceso de ampliación, profundización y aceleración  de una interconexión (homogeneización) mundial en todos los aspectos de la vida social contemporánea, desde lo cultural hasta lo criminal, desde lo financiero hasta la espiritual.[5]

Tal visión, más descriptiva y normativa que científica, pretende persuadir a la gente que la globalización es la onda necesaria del futuro, la etapa superior y final de la historia en la cual todos los países y las economías están vinculados armónicamente a través del mercado capitalista.

La misma visión imperialista del estadounidense Francis Fukuyama, para quien con el fin de la historia, los mercados, la democracia liberal y la prosperidad que genera el capitalismo, ponen punto final a los conflictos, a los regímenes autoritarios y al reino de la necesidad.[6] .El fin de la historia según Fukuyama significa sencillamente que fuera del capitalismo no habría ya nuevos progresos en el desarrollo de los principios e instituciones, porque el triunfo universal del capitalismo resuelve todos los problemas cruciales de la humanidad.                    

El ideólogo del Departamento de Estado de los EE.UU., expresa su utopía imperialista, como sigue: 

Todos los países que se modernizan económicamente (CVC. que se hacen capitalistas) han de parecerse cada vez más unos a los otros; han de unificarse nacionalmente en un Estado centralizado, han de urbanizarse, sustituyendo las formas tradicionales de organización social, (…), por formas económicas racionales, basadas en la función y la eficiencia, (…). Estas sociedades  se han visto ligadas cada vez más unas a otras, a través de los mercados globales y por extensión de una cultura universal de consumidores. Además, la lógica de la ciencia natural moderna parece dictar una evolución universal en dirección al capitalismo.[7]

 

De esta manera, los apologistas del sistema, bastardean los análisis de los procesos geoeconómicos y geoestratégicos del  imperialismo actual o capitalismo monopolista transnacional.

Situándose en una perspectiva ambigua, abstracta y ahistórica, burlan el movimiento real del imperialismo capitalista y embellecen su carácter depredador y parasitario. Estos agentes ilustrados de la burguesía transnacional dan pruebas suficientes de su lealtad al sistema, pero de ninguna manera, acreditan su rigor  científico-humanístico para hacer una lectura crítica  del imperialismo actual.

Tal como sostiene James Petras:

La globalización, los inmensos flujos de capital, beneficios, patentes, pagos de intereses y lavado de dinero que fluyen -por ejemplo CVC- desde América Latina, ni explica la red de bases militares y misiones de los EE.UU., ni las operaciones del ejército y la inteligencia a través de los cuales Washington interviene en América Latina. La globalización no describe el control y la explotación por parte de los EE.UU., de bancos multinacionales y firmas inversoras sobre las finanzas, la energía, el comercio y las materias primas de Latinoamérica.[8] 

 

Como afirma, Saxe Fernández: la “versión pop” de la globalización es una oferta de moda, eufórica y determinista, acrítica y superficialmente aceptada por grandes públicos empresariales, políticos y académicos. El estudio de la globalización como ideología permite encarar el extremismo del discurso globalista sintetizado en una “sabiduría convencional” cimentada y fomentada por poderosas fuerzas e intereses, habiéndosele instalado entonces como paradigma montado sobre varias falacias, mitos o slogans, como que es un fenómeno nuevo, homogéneo y homogeneizante que conduce a la democracia, el progreso y el bienestar universal, que acarrea la desaparición progresiva del Estado y que los actuales procesos de regionalización, tipo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), o son consecuencia de la globalización o inevitablemente conducen a ella.  [9]    

Por su parte, Carlos M. Vilas resume en seis las ideas paralógicas de la globalización: 1). La globalización es un fenómeno nuevo, 2). se trata de un proceso homogéneo, 3). es, asimismo un proceso homogeneizado, gracias a la globalización todos seremos, antes y después, iguales 4).la globalización conduce al progreso y al bienestar universal, 5). La globalización de la economía conduce a la globalización de la democracia y 6). La globalización acarrea la desaparición del Estado o al menos una perdida de importancia del mismo. [10] Paralogismos que se hacen trizas al ser confrontados con la historia y la sórdida y cruda lógica y realidad del imperialismo en curso.

Pablo González Casanova echa más luz  sobre este claroscuro de falacias al sostener:

 

[…] la globalización es un proceso de dominación y apropiación del mundo. La dominación de estados y mercados, de sociedades y pueblos, se ejerce en términos político-militares, financiero-tecnológicos y socio-culturales. La apropiación de los recursos naturales, la apropiación de las riquezas y la apropiación del excedente producido se realizan –desde la segunda mitad del siglo XX- de una manera especial, en que el desarrollo tecnológico y científico más avanzado se combina con formas muy antiguas, incluso de origen animal, de depredación, reparto y parasitismo, que hoy aparecen como fenómenos de privatización, desnacionalización, desregulación, con transferencias, subsidios, exenciones, concesiones, y su revés, hecho de privaciones, marginaciones, exclusiones, depauperaciones que facilitan procesos macro sociales de explotación de trabajadores y artesanos, hombres y mujeres, niños y niñas. La globalización se entiende de una manera superficial, es decir, engañosa, si no se le vincula a los procesos de la dominación y de apropiación.[11]  

 

En esta perspectiva teórica, lógica e históricamente las fracciones del imperialismo capitalista siguen hoy, desplegándose en el mundo. Sus crisis, metamorfosis, dialéctica, pugnas y proyectos de dominación desvanecen las falacias de la globalización.

Como destaca Adolfo Gilly:

“La mundialización (imperialismo capitalista, CVC) no uniforma a los países ni aplana a las naciones. Más bien, el hondo espesor de la historia modela desde atrás las formas que en cada uno de ellos toma el proceso global. La expansión sin límites de las relaciones capitalistas, el despojo del patrimonio humano y la proletarización y desvalorización universal de la fuerza de trabajo exacerban hoy, en sentido negativo para los pueblos y positivo para la valorización del capital, los rasgos propios de cada país tal como éste se fue haciendo en la historia”. [12] 

 

Por eso, la crítica de la globalización como  ideología no debiera centrarse  en el bizantino debate de la semántica de estos términos –globalización y/o mundialización-, sino en qué medida estos instrumentos cognitivos, aprehenden objetivamente o encubren y falsean el la fase imperialista del capitalismo mundial. Hacer lo contrario, es seguir los pasos de la nueva legión de espadachines del sistema imperialista, que ejercen el cientificismo[13]  profesional al desfigurar lo que tiene de más respetable la ciencia.

Los teóricos sistémicos con gran desparpajo extienden ilegítimamente el campo del saber científico a un conocimiento cotidiano como lo es la  ideología de la globalización. Pretender atribuir carácter de teorema científico y status filosófico a la globalización, es ridículo, equivale por ejemplo a entender al revés las palabras de un genuino economista liberal como, John K. Galbraith, quien afirmara en 1997: “la globalización no es un concepto serio. Nosotros, los norteamericanos, lo inventamos para ocultar nuestra política de penetración económica en el exterior”. [14]  

Por esta vía,  la ciencia se envilece y sólo se exportan sus teoremas más allá de su campo de pertinencia, directamente hacia  las falacias discursivas, el engaño político y sobre todo hacia la enajenación del pensamiento filosófico y científico   de  la realidad, dando paso a la miseria académica y a la vulgaridad de pensamiento.      

Como se puede comprender, la crítica de la globalización en tanto ideología, pone de manifiesto la conciencia de la necesidad actual, de renovar y asumir la Critica de la Economía Política, capaz de descubrir la esencia y las formas históricas de la realidad del capitalismo contemporáneo, cuya racionalidad y despliegue hace imposible no sólo el desarrollo de la humanidad, sino su propia  existencia.

Desde el punto de vista teórico se trata de ajustar cuentas con la especulación pragmática, con la economía política pura, con la metafísica del pensamiento burgués, con la política de la recolonización, con el fundamentalismo liberal y los paradigmas eclécticos, que reducen la universalidad a las particularidades abstractas, la humanidad al movimiento del capital y la realización del hombre al proceso de valorización, en nombre de una libertad metafísica y  de un desarrollo que cosifica al género humano.   .

Se trata también de ajustar cuentas, con el pretendido afán mistificador de la economía política burguesa que no admite que:

“Las enormes ventajas materiales derivadas del saqueo moderno del planeta siempre se sepultan bajo la retórica más vaga posible acerca de la “competencia internacional”, que no está gobernada por presuntas leyes naturales (tales como la desigualdad racial), ni por leyes pseudo-naturales (tales como el carácter único de las culturas , o las normas del mercado postuladas por la teoría económica), sino por las opciones estratégicas de las naciones y de los pueblos dentro del marco específico de cada sistema histórico” [15] 

 

Así como con la pretensión burguesa de negar al mismo tiempo, que:

“El pensamiento social, […] está íntimamente vinculado al problemas del poder social (capitalista CVC), bien sea al justificar determinado sistema o al oponerse a él y proponer uno diferente. Dentro de la totalidad de las concepciones que conforman el pensamiento burgués, la que mejor responde  a las exigencias planteadas por las distintas fases del desarrollo capitalista gana con facilidad su lugar de predominio y se convierte en el “pensamiento único” del momento”[16]

 

En suma, es clave para la radicalización y organización del actual auge de la lucha de clases a nivel internacional, la batalla sin tregua contra el pragmatismo cínico y vulgar de la globalización, en todos los terrenos desde la filosofía, economía, política y la academia hasta la cultura y la ética.

Metodológicamente, se impone la tarea de desmontar y superar la dictadura de la metafísica nepositivista y neoliberal en las investigaciones filosóficas, económicas, políticas, educativas, ecológicas y culturales, que deducen de la naturaleza las leyes no sólo del capital, sino también de la sociedad y trasladan la investigación del capitalismo transnacional, del ámbito de la producción a la esfera del mercado global, “ruidosa esfera instalada en la superficie y accesible a todos los ojos”, donde reina el fetichismo de las mercancías y se reifican y cosifican las relaciones sociales, prevaleciendo sólo las visiones fantásticas,  idílicas y fenoménicas en torno al imperialismo capitalista.[17]   

       Para llevar a cabo esta crítica radical hay que enfrentar y resolver problemas de orden teórico y metodológico que tienen que ver con lo que Marx denominó método de investigación y método de exposición para abordar una materia investigada y  que desgraciadamente los exponentes del pensamiento único dejan de lado y por lo mismo quedan atrapados en la telaraña ideológica del pensamiento burgués, donde las clases sociales, lucha de clases, capitalismo, acumulación de capital, plusvalía, imperialismo,  naciones y otras realidades no  existen porque se han volatilizado en simples abstracciones  como: economía, gente, multitud y ciudadanía.

      “Convendría –como afirma Atilio Boron– recordar que las leyes de movimiento de una sociedad no desaparecen por un capricho del concepto”,[18] como tampoco surgen nuevas leyes con la sola invención  de nuevas ideas, mucho más si es con el viejo afán de naturalizar y eternizar al capital imperialista.

        Y esto les sucede justamente a los ideólogos de la globalización: la revisten conceptualmente –para el consumo pragmático y político de coyuntura– y abandonan la búsqueda de las relaciones esenciales, las leyes y categorías del imperialismo, detrás de las nuevas formas del capitalismo actual…

         También esto les ocurre a ciertos académicos de “izquierda” al caer en el garlito del eclecticismo, pues temen utilizar en sus análisis la teoría de Marx y por el contrario, se suman al escamoteo intelectual de los conceptos marxistas, y adoptan el confuso lenguaje posmoderno para asegurarse un sitio en el nuevo parnaso poscomunista.

         De esta manera crece como una bola de nieve la “verdadera industria del arrepentimiento”. Unos y otros intelectuales se muestran más interesados en una tercera vía que obvie la contradicción universal capital-trabajo,[19] es decir, que obvie el socialismo como alternativa al capitalismo.

        Pese a la hegemonía actual de las concepciones ideológicas de la globalización, un estudio serio de El Capital permite desmitificarla; vale decir: sanear la gramática científica del lastre ideológico de la visión occidental, y cerrar el paso a la pretensión de suplantar el análisis científico del imperialismo por una moda de opinión pública; y la crítica objetiva, por una racionalidad mítica,[20] que hace apología del orden burgués. 

Para esto, es necesario confrontar el marxismo revolucionario,  por un lado, con el contexto y con las propias concepciones de la sabiduría convencional, y por el otro, con las nociones, los discursos y las ideologías prevalecientes en las dos últimas décadas del siglo XX,  entre ellas con las del “postmodernismo”, el “neoliberalismo” y la “globalización”.

Profundizar la crítica de estas posturas burguesas es condición sine qua non para enfrentar al imperialismo actual e impedir la domesticación de las lucha de clases, la amputación de la memoria histórica y el abandono de conceptos e instrumentos de investigación esenciales en cualquier diagnóstico de la condición socio-política y económica contemporánea. Como nunca antes se impone la necesidad de realizar un análisis de clase del imperialismo -como lo hizo Carlos Marx en su tiempo-, para enfrentar  la frívola e interesada lectura  aséptica de algunos  segmentos ruidosos de la comunidad académica. [21]

Mientras Marx, conceptualiza a partir de la realidad, la potencia de universalidad y la infinitud del dominio del capital[22] –tendencias que se realizan a  plenitud en el presente siglo bajo la forma de capitalismo monopolista transnacional y el complejo proceso de imperialización–, los ideólogos y ciertos críticos de  la globalización parten de sus propias abstracciones subjetivas, para luego hallarle un equivalente “corpóreo” en la realidad. Caen en la ilusión de concebir la realidad capitalista como resultado de su pensamiento y justifican a ultranza la demonización industrial de la obra de Carlos Marx y el abandono ya no sólo de su instrumental teórico-metodológico, sino también el de cualquier otra alternativa teórica  al pensamiento  crítico.

No es difícil descubrir que la burguesía de nuestros días y sus ideólogos producen y reproducen la misma vulgaridad y las mismas miserias teóricas que Marx denunciará en el siglo XIX, al decir:

“En el dominio de la economía política, la investigación científica libre no solamente enfrenta al mismo enemigo que en todos los demás campos. La naturaleza peculiar  de su objeto convoca a la lid contra ella a las más violentas, mezquinas y aborrecibles pasiones del corazón humano: las furias del interés privado”. Ciertamente, en estos tiempos como entonces: “Ya no se trataba si este o aquel teorema era verdadero, sino de si al capital le resultaba útil o perjudicial, cómodo o incómodo, de si contravenía o no las ordenanzas policiales. Los espadachines a sueldo sustituyeron a la investigación desinteresada, y la mala conciencia y las ruines intenciones de la apologética ocuparon el sitial de la investigación científica sin prejuicios.” [23] 

Los constructores del “nuevo cuadro teórico” burgués en su intento por dar cuenta del mundo actual, renuncian a los rigores de la ciencia y al análisis de clase y son amigos de las modas “teórico-conceptuales” y del pragmatismo mercantil que siguen plagando a ciertas tribus teóricas, académicas y políticas  de mercado de las metrópolis y de los  países recolonizados.

Eligen en vez del trabajo y la literatura científicos, el fácil camino de la especulación, donde se funden pragmatismo, filosofía e  ideología de mercado, suficientes para   producir una amplia literatura  vulgar en torno capitalismo actual,  cuyos pensadores orgánicos sienten aversión por el análisis marxista, los conceptos y las contradicciones dialécticas, prefiriendo  las frases y nociones corrientes de: “pre-industrial”, “tradicional”, “paternalismo”, “modernización”, “aldea global”, “fábrica global”, “sistema-mundo”, “moneda global”, “economía global”, “mundo sin fronteras”,  “fin de la geografía”, “nave espacial”, “nueva Babel”, ”“economía de mercado”, “globalización”, “subdesarrollo”, “Tercer Mundo”, “Este-Oeste”, “gobernabilidad”, “Sur”, “Norte”, [24] en fin, un arsenal paralógico orientado a la defensa y justificación del imperialismo vigente, despreciando los referentes empíricos, los conceptos y los corpus teóricos críticos para la comprensión y transformación revolucionaria del capitalismo imperialista.   

Esta misma lógica asume, Imperio, obra de Michael Hardt y Antonio Negri al abandonar las herramientas conceptuales del materialismo histórico y de la Crítica de la Economía Política y suplantarlas por las provenientes del pensamiento único. Atilio Boron al examinar críticamente tal trabajo advierte:  

[…] la falla crucial del libro se encuentra en sus graves errores de diagnóstico y la total desconexión o incompatibilidad entre un marco teórico de naturaleza indiscriminadamente conservadora -[…]- derivado principalmente del saber convencional del neoliberalismo que exalta la globalización y “naturaleza” al capitalismo y la visión borrosa de una nueva sociedad y un nuevo orden internacional […]. […] nuestros autores parecen no tener la menor conciencia de la continuidad fundamental que existe entre la supuestamente “nueva” lógica global del imperio, […] y la que existe en la fase presuntamente difunta del imperialismo. H&N parecen no haberse percatado de que los actores estratégicos son los mismos, las grandes empresas transnacionales pero de base nacional y los gobiernos de los países industrializados; que las instituciones decisivas siguen siendo aquellas que signaron ominosamente la fase imperialista que ellos  ya dan por terminada […].[25]

A propósito de este lenguaje aséptico que aborrece conceptos radicales como clases sociales, lucha de clases, capitalismo, plusvalía, imperialismo y , revolución,, con acierto Harry Magdoff decía: “Es verdaderamente extraño encontrar proposiciones encaminadas a rechazar el término imperialismo, cuando los rasgos clásicos del imperialismo son tan evidentes en los asuntos actuales”, y “[…], justo cuando aparecen muchos eruditos que afirman que el imperialismo ha sido reemplazado, la historia revive el concepto que nos ronda como un fantasma”.[26]

Por esto, pondera James Petras:

“Resulta útil comparar y contraponer el concepto de globalización con el imperialismo, para aclarar la debilidad analítica del primero y la fuerza del segundo.[…]. El  “concepto” (CVC) de globalización argumenta a favor de la interdependencia de las naciones, la naturaleza compartida de su economía, el carácter mutuo de sus intereses y los beneficios compartidos de sus intercambios. El imperialismo pone énfasis en la dominación y la explotación de los Estados imperiales, las corporaciones multinacionales y los bancos sobre los Estados menos desarrollados y las clases trabajadoras.” [27]

 

Este fenómeno sólo evidencia una de las formas de la sempiterna guerra del capital contra el trabajo en los terrenos teórico y político. Al persistir los teóricos burgueses, en privar de su filo crítico a la teoría de Marx y  en el envilecimiento de las ciencias  y las humanidades, lo que buscan estratégicamente es por un lado, la cretinización conceptual de la teoría radical de los proletarios y pueblos  del Siglo XXI: el marxismo crítico y revolucionario, y por el otro lado, castrar y domesticar a los movimientos revolucionarios.

Contra esta ofensiva totalitaria del imperialismo, se impone la importancia estratégica y revolucionaria de comprender y desarrollar la esencia del pensamiento de Carlos Marx. Asumirla como totalidad compleja, crítica y radical para encarar la realidad y la historia en el Siglo XXI.

Por lo mismo, quienes hoy, proclamándose marxistas reivindican la Obra y la Acción de Carlos Marx vergonzantemente y silencian cuando las clases opresoras lo castran y lo envilecen, son inconsecuentes con la revolución comunista, pero si  leales con el sistema capitalista. 

Por ello, es insoslayable para los marxistas, los trabajadores y pueblos  revolucionarios del mundo,  la lucha sin tregua contra  el adocenamiento industrial del marxismo que pretende el gran capital. Pero, no se puede luchar ni vencer contra el ejército global de ideólogos, contra la maquinaria política y mediática  globales de la burguesía imperialista, con las armas melladas procedentes del mismo capital ni con posturas retóricas, reformistas y oportunistas, sino con el desarrollo de la teoría de Marx en correspondencia con la compleja dialéctica del capitalismo realmente existente, con todas las formas de lucha de clases  y sociales y con una praxis revolucionaria por la emancipación de las clases y la liberación de los pueblos oprimidos del orbe..

En el curso de esta desmitificación teórica y práctica se puede constatar la existencia empírica del imperialismo con toda su carga, por una parte,  de barbarie, recolonización, expolio, carrera armamentista,   parasitismo, guerras preventivas de agresión, genocidios, devastación humana y ambiental,  y, por otra parte, de nuevos flujos de luchas obreras, campesinas, indígenas, estudiantiles, emigrantes, mujeres, populares y de ecologistas en el planeta.

Finalmente, el valor epistémico y la vigencia crítica de la teoría marxista del imperialismo son contundentes. El imperialismo del Siglo XXI, exhibe como rasgos centrales distintivos el predominio absoluto de los monopolios transnacionales, la imperialización, el parasitismo y la decadencia, subyacentes en la omnipotencia militar, el dominio político, la recolonización planetaria y su incalculable potencial de enajenación múltiple exacerbados por la lógica y las crisis sistémicas del capitalismo mundial así como los flujos de la luchas de los trabajadores y pueblos del mundo.

 


[1] ** Dr. en Ciencias Filosóficas, profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Guerrero en la Unidad Académica de Filosofía y Letras, estudioso  sobre temas y problemas América Latina y Marxismo Clásico y Contemporáneo. Ponente en eventos nacionales e internacionales, coordinador de la Cátedra “Carlos Marx” y autor de libros, entre los que destacan: “Marx vive: fin del capitalismo y del socialismo real”, “Desde Cuba: el derrumbe del socialismo euro soviético”. “La filosofía de la praxis en México ante del Derrumbe del socialismo soviético” y coautor de “11 de septiembre: las caras de la globalización”, “Irak: causas e impactos de una guerra imperialista” y “Ciencias Sociales y Humanas: lecturas desde el Sur de México”, “Chiapas: la paz en la guerra”  y “Problemas sociales y humanos”.

[2] Biel, Robert (2007). El nuevo imperialismo. Crisis y contradicciones en las relaciones Norte-Sur, Ed. Siglo XXI, p. 49 y ss.

[3] Valqui Cachi, Camilo (1998). Desde Cuba: el derrumbe del socialismo euro soviético, Edi. Feijóo, Santa Clara, Cuba,  pp. 18-20.

[4] Para el debate abierto en torno al imperialismo o la globalización véase entre otros los siguientes textos: Gowan, Peter. La puesta por la globalización. La geoeconomía y la geopolítica  del imperialismo euro-estadounidense, Edi. Akal, Madrid 2000; Petras, James y Henry Veltmeyer. Las dos caras del imperialismo. Vasallos y guerreros, Edi. Lumen, Buenos Aires 2004; y Saxe-Fernández, John et. al. Globalización, imperialismo y clase social, Edi. Lumen, Buenos Aires 2001.

[5] Held, David, Anthony McGrew, David Goldblantt and Jonathan Perraton. Transformaciones globales. Política, economía y cultura, Oxford University Press, México, 2000, pp. XXX y XLVII.

[6] James, Petras. (2001).”Globalización: un análisis crítico”, en Saxe-Fernández, Saxe et. al. Globalización, imperialismo y clase social, Edi. Lumen, Buenos Aires, p. 57.

[7] Fukuyama, Francis. (1992). El fin de la historia y el último hombre, Edi. Planeta, México, p. 15.

[8] Petras, James. (2005). “Hegemonía, globalización o imperialismo”, en http://www.rebelion.org, 17 de julio.

[9] Saxe Fernández, John (Coordinador). Globalización: crítica de un paradigma, Ed. UNAM-Plaza Janés, México, 2002, p. 10.

[10] Ibidem, pp. 70-101.

[11] González Casanova, Pablo. “Los indios de México hacia el nuevo milenio”, en La Jornada, 9 de septiembre de 1998, p. 12.

[12] Gilly, Adolfo. “De piqueteros y otros sujetos”, http://www.jornada.unam.mx, 19 de septiembre de 2004.

[13] Cueli, José. “Cientificismo”, en La Jornada, México, 24 de abril de 2004.

[14] Galbraith, John K. “Entrevista a John K. Galbraith”, en Folha de Sao Paulo, Brasil, noviembre  de 1997, pp. 2. 

[15] Amin, Samir (1999). Los fantasmas del capitalismo. Una crítica de las modas intelectuales contemporáneas, El Áncora Editores, Bogotá, pp. 55 y 56.

[16] Ibid, p. 35.

[17] Véase Carlos Marx. El Capital, Edi. Siglo XXI, 1982, México., t. I, pp. 38-50, y 110-138; Fürntratt-Kloep, Ernst Fidel, “El derrumbe del “socialismo real existente” y la “globalización” como resultados de la “guerra fría””, en: Risquet Valdés, Jorge y Fürntratt-Kloep, Ernst Fidel, 1997, “Globalización y Neoliberalismo”, Prensa Latina-World Data Research Center, La Habana, 1997, p. 10; Grass Günter y Juan Goytisolo. “Frente a la catástrofe programada (conversación entre “dos escritores que ensucian su propio nido”)”, en AAVV. Pensamiento crítico vs Pensamiento Unico, Le Monde Diplomatique edición española, Madrid, 1998, p. 85-90; Néstor Kohan, Marx en su (tercer) mundo. Hacia un socialismo no colonizado, Ed. Biblos, Buenos Aires, 1998. pp. 100-104, 117-120, 214-215.

[18] Atilio Borón  “La «crisis del marxismo»: nuevo artículo cultural de consumo de masas”, en Vega C., Renán (Editor) (1997), Marx y el siglo XXI. Una defensa de la historia y del socialismo, Ed. Antropos Ltda., Santa fe de Bogotá, p. 184.Véase, además, la aguda crítica a la fobia y falacias de la ideología burguesa en torno a las contradicciones del sistema capitalista, a las clases y la lucha de clases, así como a los mitos de los movimientos sociales en: Alberto Pérez Lara. “La lucha “sin clases” de la globalización”, en Cuba Socialista, núm. 10,  pp. 51-62; también: Samir Amin, “Hacia un Foro Mundial Crítico. La alternativa al pensamiento neoliberal. Pensar la construcción de una economía al servicio de los pueblos”, en Dialéctica, núm. 31, 1998, p. 18,; Jaime Caycedo Turriago. “El sujeto histórico y su complejidad”, en Caicedo Turiago, Jaime y Jairo Estrada Álvarez (Compiladores) (1999). Marx Vive. Siglo y medio del Manifiesto Comunista ¿superación, vigencia o reactualización?, Edi. Universidad Nacional de Colombia, Santa fe de Bogotá, pp. 277-292; Carla Filosa – Gianfranco Pala. “El neocorporativismo en el nuevo orden mundial”, en Marx Ahora, núm. 2, La Habana, 1996, p.68 y 75.

[19] A propósito de esta postura intelectual, Juan Goytisolo escribía: “El juglar desapareció un día., pero el recuerdo del amaestramiento y disciplina de los palomos no se disipó. A menudo me traen a la memoria la conducta obediente, conforme a la sendas trazadas, de esa intelectualidad que en España y fuera de ella se autodenomina posmoderna”, “El vuelo del escritor e intelectual posmoderno no se aventura allende el campo trazado: desde su jaula académica corporativista o mediática vuela al frontispicio del Banco y regresa a ella. El mundo exterior y sus dramas no le conmueven ni le inquietan. Lo importante es el retorno a la jaula, el respeto a lo se declara respetable y su cauta esquivez de los riesgos y animadversiones que implica el ejercicio de la libertad”. (véase Juan Goytisolo. “Palomos amaestrados”, en AA.VV. Pensamiento crítico vs. Pensamiento único,  pp. 271–272). En esta misma ruta se puede comprender con Elena Díaz González, el por qué algunos intelectuales que hoy abandonan el marxismo, a veces no sólo es porque no crean ya en el marxismo y piensen que se ha destruido como teoría, sino también es porque temen utilizar sus conceptos y sentirse fuera de una moda o de una línea. (Véase “El imperialismo actual, un debate”, en Cuba Socialista, 3ra. Época, No. 10, 1998, pp. 6, 11-15). Por su lado Renán Vega descubre la consolidación actual de una intelectualidad más dependiente del Estado, del capital privado o de las fundaciones investigativas, para lo cual abandona la “ideología” para seguir los senderos de la “ciencia” y la investigación pura. El intelectual perteneciente a esta grey es un funcionario a sueldo que contemporiza con el poder y el capital. (Véase Renán Vega C. “Marx y la historia después de el «fin de la historia»”, en Renán Vega C., (Editor) (1997). op. cit, pp. 227-229; véase además José Ramón Fabelo Corso. “Del postmodernismo al postcolonialismo: ¿solución al caso latinoamericano?, en Dialéctica, nueva época, año 23, núm. 32, invierno de 1999, pp. 100–108).

[20] Samir Amín advierte a propósito de esta miseria teórica: “Es un rasgo clásico de todos los totalitarismos conferir estatuto científico a una ideología. La economía que se denomina “pura” permite dar un barniz universitario al ultraliberalismo. Importa poco que esté desconectada de la realidad como toda fábula, no sirve más que de pretexto.” (Samir Amin, “De las «seudo-matémicas» al cibermercado”, en AAVV. Pensamiento crítico vs Pensamiento Único…, p. 55) Y agrega: “[…], en vez de buscar una explicación racional de la realidad económica, se opta desde el principio por la construcción de una racionalidad mítica”. (ídem, p. 56). De allí que en la crítica de las mitologías fundamentalistas “[…], el primer paso del pensamiento científico consiste precisamente en buscar la manera de ir más allá de la visión que los sistemas sociales tienen de sí mismos” (Samir Amin, “Imperialismo y culturalismo: mutuamente complementarios”, en Renán Vega C. (editor), (1998), Marx y el siglo XXI. Hacia un marxismo ecológico y crítico del progreso, p. 298). Sobre la racionalidad mítica burguesa véase, además, “Nacionalismo, patriotismo y emancipación”, en: Contracorriente, núm. 9, 1997, pp. 118-119; John Saxe-Fernández, “La globalización: aspectos geoeconómicos y geopolíticos”, en Globalización y bloqueos económicos: realidades y mitos, Publicación del Seminario Nacional sobre Alternativas para la Economía Mexicana, Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanísticas, México, 1995; Manuel Monereo Pérez, “La izquierda europea: entre el estancamiento y la renovación”, en: H. Dilla, M. Monereo,  y J. Valdés Paz,  (coords.), Alternativas de Izquierda al Neoliberalismo, Ed. Fundación de Investigadores Marxistas, Madrid, 1995, pp. 22; Juan Valdés Paz, “Globalización y regionalización: una perspectiva de izquierda”, Ibid, pp. 73-74; “El imperialismo actual: un debate”, Ibid, pp. 9, 11 y 12; Osvaldo Martínez, “Globalización y neoliberalismo”, Conferencia magistral impartida en el Encuentro Internacional Economía 98, 1º de julio de 1998, Edi. World Data Research Center, La Habana, pp. 9-11; e Ignacio Ramonet. “¿Agonía de la cultura?, en AAVV. Pensamiento crítico vs Pensamiento único, pp. 251 y 255.

[21] Saxe Fernández, John et. (2001). Al. Globalización, imperialismo y clase social, Ed. Lumen Humanitas, México,  p. 11.

[22] Göran Therborn al respecto ha enfatizado: “Muchos de los fenómenos previstos por Marx y Engels hace unos 150 años sucedieron efectivamente: las tendencias a la concentración capitalista, la interrelación global, las crisis económicas cíclicas, la socialización de las fuerzas productivas, el crecimiento de la clase obrera industrial, el desarrollo y la unificación del movimiento obrero”. (Göran Therborn, “Vida y tiempos del socialismo: esbozo de un retrato histórico”, en Anguiano, Arturo (Coord.) (1991). El socialismo en el umbral del siglo XXI, Edi. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidades Azcapotzalco y Xochimilco, México, p. 32). Michael Löwy por su parte sostiene: “En muchos aspectos el Manifiesto no es solamente actual, sino más actual hoy que hace 150 años. Tomemos por ejemplo su diagnóstico de la mundialización capitalista” y agrega “El capitalismo, insistían los dos jóvenes autores, está conduciendo un proceso de unificación económica y cultural del mundo: “Por su explotación del mercado mundial, la burguesía ha vuelto cosmopolitas la producción y el consumo de todos los países. Para gran frustración de los racionalismos, retiró a la industria su base nacional (…). La autosuficiencia y el aislamiento regional y nacional antaño han dejado lugar a la circulación general, a una interdependencia general de las naciones, tanto para las producciones materiales como para las producciones intelectuales”, (Michael Löwy. “Mundialización e internacionalismo: actualidad del Manifiesto Comunista”, en Memoria, núm. 113, julio de 1998, México, p. 16); Véase asimismo Jesús Albarracín. “Del «Estado del Bienestar» a la «ley de la selva»”, en H. Dilla, M. Monereo y J. Valdés Paz (Coords.) (1995), op. cit., p. 207; Aurelio Arteta. 1993, Marx: Valor, forma Social y Alineación, Editorial Libertarias. S. L. Madrid, 1993, p. 7 y 8; Sergio de la Peña. “América Latina frente a la globalización”, en Dialéctica, núm., 27, pp. 27-28; Maria rosa Della Costa. “Capitalismo y reproducción”, en Viento del Sur, Núm. 3, diciembre 1994, México, p. 50, 51 y 55; Miren Etxezarreta. “Globalización e intervención pública”, en Manuel Monereo (coord.) (1994), Propuestas desde la izquierda. Los desafíos de la izquierda transformadora para el próximo siglo, Fundación de Investigaciones Marxistas, Madrid, p. 168; p. 168; Nelson Fajardo. “Acumulación de capitales, transnacionalización y dependencia”, en Conocimiento y Humanismo, núm. 4, pp. Octubre 1998. SantaFe, Bogotá, pp. 111–134.

[23] Marx, Karl. (2005). El Capital, Edi. Siglo XXI, 1982, México, t. I Vol. 1, pp. 8 y 14.

[24] Hablando el historiador Josep Fontana de esta esterilización del lenguaje histórico y científico, enfatiza: “[…]abandonar los términos como “clase”, “burguesía”, “feudal” o “capitalismo”, […] para reemplazarlos por otros […] que […] estén limpios de carga ideológica, […] apuntan a un orden social “autorregulado” inventado por una sociología “libresca” (Cit. por: Renán Vega C. “Marx y la historia después de el “fin de la historia”, en Renán Vega C. (editor), 1997, Marx y el siglo XXI. Una defensa de la historia y del socialismo, p. 227.

[25] Boron, Atilio A. (2002). Imperio Imperialismo (una lectura crítica de Michael Hardt y Antonio Negri), Edi. CLACSO, Buenos Aires,  pp. 135-138.

[26] Harry Magdoff. “¿Cuál es el significado del imperialismo?”, en Renán Vega C. (editor), 1998, Marx y el siglo XXI. Hacia un marxismo ecológico…, pp. 292. Sobre esta cuestión también puede consultarse en: Linda Carty. “Imperialismo: ¿Periodización histórica o fenómeno actual?, Ibid, pp. 283, 285 y 287. Sobre la ofensiva teórica e ideológica anti-marxista Vega Cantor escribe: “En resumen, también habríamos asistido al fin del imperialismo, otro de los temas clásicos del pensamiento marxista del siglo XX, como se pone de presente en el abandono del término por parte de los investigadores sociales. Tal como sucede con las nociones de clases sociales, explotación, plusvalía, el término imperialismo prácticamente ha sido desterrado del vocabulario sociológico y político y su lugar está siendo ocupado por la retórica de la interdependencia y de las relaciones de cooperación y de ayuda mutua desinteresada entre naciones”. (Renán Vega Cantor. “Las nuevas expresiones del imperialismo. Un bosquejo cartográfico”, en Renán Vega C., 1998, Marx y el siglo XXI. Hacia un marxismo ecológico y crítico del progreso, p. 308. Véase, además, José María Vidal Villa. “La investigación empírica y el análisis marxista de la realidad”, en: AAVV. Tendencias de la economía mundial hacia el 2000, Ed, IEPALA, Madrid, 1990, pp. 31; Bob Sutcliffe. “Nuevas formas de imperialismo en los años 80”, Ibid, p. 123; Carla Filosa y Gianfranco Pala, “El neocorporativismo en el nuevo orden mundial”, en Marx Ahora, núm. 2, 1996, p. 65 y 66; Alberto J. Plá “Una reflexión histórico–metodológica sobre la crisis de fin de siglo en América Latina”, en Viento del Sur, núm. 6, 1996, p. 54; Rafael Cervantes Martínez et. al. “La metamorfosis del capitalismo monopolista”, en Cuba Socialista, núm 8. 27; Riccardo Petrella. “Mundialización e internacionalización. La dinámica del orden mundial emergente”, en Viento del Sur, núm. 10, 1997, p. 48.

[27] Véase: Petras, James. “La globalización: un análisis crítico”, en Saxe-Fernández, John et. al. (2001). Globalización, imperialismo y clases social, Edi. Lumen, Buenos Aires, p. 38.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s