LA ALTERNATIVA SIGUE SIENDO LA EDUCACIÓN POPULAR

José Enrique González Ruiz.

 

Tener no es signo de malvado
y no tener tampoco es prueba
de que acompañe la virtud.
Pero el que nace bien parado,
en procurarse lo que anhela
no tiene que invertir salud.
“Canción de Navidad”. Silvio Rodríguez.
 

¿Es populista la educación popular?

Sería iluso negar que durante los últimos veinticinco años el pensamiento neoliberal gozó de prestigio, sobre todo en los medios masivos de información. La derrota temporal de los experimentos de organización social alternativos al capitalismo, puso a la defensiva a las teorías que se basan en la participación de los gobernados en el diseño y aplicación de decisiones políticas. Entre los planteamientos que entraron en crisis está el de la educación popular.

En efecto, quienes pugnaron por la reconversión educativa (disfrazada de “revolución”), a instancias de los bancos educadores, o sea del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo, entre los más destacados, culparon de todo tipo de males a los esfuerzos por construir propuestas educativas diferentes a las oficiales. Todo lo relacionado con la democracia, la expansión del servicio educativo a toda la población y la participación de los actores en las determinaciones esenciales, fue denostado como “populismo”.

En todos los espacios de la sociedad donde se habían puesto en práctica experimentos innovadores, que buscaban la conformación de modelos educacionales que respondieran a las demandas de los sectores mayoritarios de la población, se entró en receso a partir de la década de los ochenta del siglo XX. El campo se dejó libre al pensamiento conservador, que registró importantes avances.

Lo esencial fue que se creó un sentimiento de culpa en la conciencia de los actores del proceso educativo. Los diagnósticos oficiales dictaminaban que todo estaba mal y que los responsables eran nada menos que los maestros y los alumnos, por negarse a admitir los cambios de la globalización neoliberal. Evaluador dixit fue como dictado divino. No tenía sentido cuestionar la urgencia de transformaciones, aunque no se sabía de qué se trataba en concreto. Fue así como dio inicio la era neoliberal, que ciertamente modificó de raíz todo lo relacionado con el quehacer educativo.

Vimos al finalizar el siglo pasado la frenética producción de ideología tendiente a demostrar la caducidad de las ideas educacionales de antaño, y la bondad de los postulados neoliberales. Se prestigiaron ideas como la privatización, la desregulación, la evaluación externa, la paulatina desaparición de las jubilaciones y pensiones, el desmembramiento de los contratos colectivos de trabajo, la neutralización de los sindicatos, la reforma de los planes de estudios para ajustarlos a las necesidades del capital, la intervención del gobierno en el manejo de los presupuestos de las Instituciones educativas superiores, la virtual anulación de la autonomía universitaria, la aparición del financiamiento por programas específicos para controlar la tarea de los docentes e investigadores, la desaparición de figuras como el ayudante de profesor o de investigador y el técnico académico, la reducción de la matrícula estudiantil con el consecuente aminoramiento de las instituciones públicas, la entrega de recursos públicos a las escuelas y fundaciones privadas, e incluso la confusión entre lo privado y lo público.

En los medios informativos, sobre todo en la televisión, se propaló que las ideas básicas de la educación popular son “populistas”. No se considera válido pelear por subsidios para las escuelas públicas, pero sí “rescatar” a los banqueros y a los industriales del azúcar en quiebra.

Pero, a pesar de sus pretensiones de eternidad[1], no duró mucho el auge neoliberal; ni siquiera un cuarto de siglo. A principios del Siglo XXI, está claro que los principales problemas que inquietan a la especie humana siguen sin solución: los de la justicia, los de la democracia y los de la libertad, que constituyen la síntesis de los Derechos Humanos.

Por eso, las premisas de la educación popular resurgen con fuerza, pues nunca perdieron validez. Sólo fueron opacadas por el espejismo de la globalización imperial.      

 

Las tesis de los globalifílicos

En torno a las ideas que sustentan a la globalización imperial, se tejieron algunos conceptos que tomaron carta de naturalización entre ciertos intelectuales, parte de los cuales son neoliberales vergonzantes. Entre tales elaboraciones teóricas están la del “capital humano”, que postula básicamente que en virtud de que en el mundo actual el conocimiento es esencial en la producción, es necesario formar a las personas en función de los requerimientos del aparato productivo y utilizarlos para producir rendimientos económicos.  

Así, Lucino Gutiérrez Herrera y Francisco Javier Rodríguez Garza, manifiestan que “un escenario alimentado por la globalización económica, sensibles innovaciones tecnológicas que afectan los sistemas productivos, una nueva forma de Estado y profundas modificaciones en el mundo del trabajo y de la educación, obligan a reexaminar de manera súbita la importancia que el conocimiento y la formación de capital humano tienen dentro de una estrategia de desarrollo social y económico, en todas las latitudes del orbe”.[2]

Cuando los partidarios de la globalización imperial se refieren a la educación, la relacionan siempre con los procesos productivos, los cuales a su vez ubican en una nueva fase del desarrollo del sistema.  Los mencionados autores, sostienen que al principiar la década de los años setenta del siglo XX, se hizo presente una crisis que al inicio se pensó coyuntural y que se debía al aumento de  los precios del petróleo y al desorden monetario internacional resultante de poner en duda por primera vez los acuerdos de Bretton Woods (página 731). Es entonces cuando resurgen las teorías económicas monetaristas, que de los salones de clases se trasladan a los centros donde se toman las decisiones políticas.

El gran debate se da entre el mercado y el Estado. El primero defendido por la corriente neoliberal y el segundo por la que llaman “intervencionista” (página 732). Aseguran que el neoliberalismo postula que el crecimiento debe basarse en el aprovechamiento de las “ventajas comparativas”, lo cual implica mejorar el capital humano a partir de la educación, la capacitación y la experiencia, lo mismo que optimizar las asignaciones del ahorro y los sistemas de inversión. Por otra parte, los que denominan “intervencionistas” consideran que el patrón de ventajas comparativas no sirve para promover el crecimiento, sino la dependencia de los países, por lo que la economía debe ser impulsada por la acción pública que favorezca la aparición de dichas ventajas comparativas.

En una postura que quiere ser distinta a la neoliberal y a la “intervencionista”, los autores citados dicen basarse en “otros referentes teóricos, los cuales ponen el énfasis en la productividad, la innovación tecnológica y la calidad de la producción para explicar la crisis y su superación”  (página 733). Sostienen que en esta visión, se trata de pasar de una economía de productores a otra de consumidores y de arribar a relaciones industriales y laborales basadas en la flexibilización del trabajo. “Ante el cambio tecnológico, desde esta trinchera surgió la hipótesis de que la crisis respondía a la rigidez en las relaciones laborales hasta entonces existentes (Ib Idem). Consideran que esta teoría aportó lo que se denomina la “especialización flexible”, en la cual se combinan la tendencia hacia la producción en pequeños lotes con el uso de equipo reprogramable y la recuperación de la calificación de la fuerza de trabajo. Esta visión se vincula con las filosofías del management, que se sintetizan en la fórmula “Calidad total justo a tiempo”, “que traslada el foco del análisis de los costos hacia la participación, la cooperación de los  trabajadores, el trabajo en equipo, la filosofía cliente-proveedor, la mejora continua, la calidad total, el círculo de calidad, la flexibilidad, la polivalencia. En suma, el surgimiento de una nueva cultura empresarial y laboral” (página 734).

Así, encuentran que hay un nuevo marco institucional para los mercados de trabajo, que se tienen que ir adaptando a las necesidades emergentes. La competencia de los mercados mundiales y domésticos produce una mayor incertidumbre en los precios y en la disponibilidad de las mercancías. El hecho de que aparezcan nuevas tecnologías de manufactura y se reduzca el ciclo de vida de los productos, y de que los mercados se especialicen, genera una mayor sensibilidad hacia la calidad. Todo esto da lugar a moderación y flexibilidad en los costos de la mano de obra y en el uso de recursos humanos. También a una fuerza de trabajo altamente motivada y con habilidades múltiples, así como a la cooperación de la administración y el sindicato en el lugar de trabajo. Han aparecido así, los “tabuladores dobles”, que comprenden esquemas de compensaciones contingentes, que ligan los ajustes salariales a movimientos en la ganancia de la empresa. Con ellos, teóricamente se busca generar empleo y reducir la inflación.

Por lo anterior, los autores prevén que las futuras negociaciones entre los sindicatos y las empresas se caracterizarán por ligar los costos de la mano de obra con las circunstancias específicas de cada centro de trabajo. Así, los arreglos institucionales, dependerán del costo de los salarios y demás percepciones de los trabajadores.

Como puede apreciarse, esta visión en nada se diferencia del neoliberalismo. Por eso, los referidos autores hablan de una globalización que ha impulsado nuevas políticas de desarrollo económico, signadas por las innovaciones tecnológicas y la mejoría en la calidad de los recursos humanos. Esto es indispensable, dicen, para impulsar los ajustes económicos en el mundo global. En ese contexto, para “la formación de capital humano, las políticas deben responder a las consecuencias que trae consigo una mano de obra obsoleta, a las nuevas demandas de los empresarios y/o trabajadores mediante una actualización permanente en los puestos de trabajo, así como en la introducción de nuevos oficios demandados por el mercado” (página 738). No es difícil ver el empobrecido concepto que sobre la educación tienen aquellos que han hecho suya la ideología de la flexibilización en el trabajo y de la formación de capital humano (que es parte del cuerpo doctrinario del neoliberalismo).

En el mundo actual, los países endeudados y atrasados, tienen como únicas ventajas comparativas su fuerza de trabajo barata y sus recursos naturales que comercian sin agregarles ningún tipo de valor.

Gutiérrez Herrera y Rodríguez Garza, aseveran que “la globalización cuestiona lo que hasta hace algunas décadas consideramos como fuerzas motrices del crecimiento: ahorro-inversión. En su lugar se…ha venido planteando como dupla explicadora del crecimiento a conocimiento-innovación tecnológica” (página 739).  

Sin prueba de ninguna especie, los partidarios de la globalización referida al mundo del trabajo, aseveran que cuando se aplicó el modelo de economía cerrada, se desarrolló una industrialización que menospreció cuestiones como la influencia de la educación en el cambio tecnológico y la productividad, la cantidad de educación que necesita nuestra sociedad, quién la debe impartir, cómo debe estar organizada, quién la debe pagar, quiénes se benefician de ella, cómo se relaciona la educación con otro tipo de políticas económicas y sociales. Es un hecho que todos estos temas han sido motivo de permanente atención en nuestro país, tanto por teóricos de la Ciencia de la Educación como por los docentes que la practican cotidianamente. Si alguna cuestión ha sido debatida en México, ésta es precisamente la educativa. Tampoco es verdad que haya quien se resista a aprender en nuestro país.

Los autores sugieren que el tratamiento bilateral de las relaciones laborales es un obstáculo para el progreso. Por ello, consideran que todo proceso de introducción de nueva tecnología o nuevas prácticas laborales debe ir acompañado de la recalificación de la fuerza de trabajo. Citan a Laura Palomares y Leonard Mertens, para quienes desde la economía del aprendizaje se necesita aplicar diversas fórmulas: aprender por hacer, aprender por el error, aprender por explorar, aprender por investigar y aprender por interactuar. Esto porque encuentran que “la demanda de trabajo está ligada al concepto de maximización de beneficios tanto privados como sociales (página 765).

Acorde con las recomendaciones del Banco Mundial, aseguran que “la educación con formaciones rígidas, profundamente especializadas, tiende a ser desplazada por nuevos principios básicos que faciliten los procesos de adaptación de los egresados” (página 766).

En resumen, proponen que en vez de generar conocimiento propio, debemos hacer lo necesario para adoptar el que se produce en otras latitudes. También de conformidad con lo “sugerido” por los bancos educadores, concluyen: “poner en el centro del análisis los procesos de aprendizaje, contribuirá a modificar la idea o visión tradicional, en la que el aprendizaje se reducía a la ejecución de tareas simples y repetitivas, esencialmente de naturaleza motriz”.

Como podemos apreciar, para los neoliberales, debemos hacer nuestras las postulaciones del Banco Mundial, dedicando nuestro sistema educativo a formar capital humano que se integre a los procesos productivos. Tenemos que convertir nuestra educación en un elemento de la productividad, por lo que la gente debe ser capacitada para desempeñar diversas tareas en el mundo de la producción (ser polivalente o milusos), y centrarnos en el aprendizaje y no en la enseñanza, pues los maestros han sido identificados como el principal obstáculo para este modelo educativo.

 

Al neoliberalismo le sobra gente

Para Georges Labica,[3] los conflictos más memorables de la historia han sido los de la colonización y la conquista. Considera que la globalización, o mundialización como también la denomina, es inherente al capitalismo, una tendencia natural que le conduce a la conquista del planeta, mediante la destrucción de los demás modos de producción. Sostiene que ya no son los estados nación las potencias que dominan al mundo, sino las multinacionales, que son a la vez supra y transnacionales.[4] Esta tesis es complementada con la de que las capas medias (y mucho menos los trabajadores) ya no disfrutan de ninguna protección, porque el sistema global ya no tiene necesidad de hacerles concesiones.

Cita al que fuera director del Banco Mundial, Michel Camdessus, quien por ser católico, en una conferencia dictada en Lille, el 27 de marzo de 1992, intentó demostrar que “la opción por los pobres, o sea la de Cristo, no es otra que la del Fondo Monetario Internacional. Agregó que mercado y solidaridad son sinónimos y que el mercado es el “Reino” y que “la política del FMI ha sido transformada en voluntad de dios sobre esta tierra” (página 569).

Para Labica, el neoliberalismo vanaliza el uso de los conceptos. Por ejemplo, al mencionar la “marginalidad”, la atribuye a cuestiones individuales y no a la estructura de exclusión del sistema. Estima que “los bomberos de la asistencia, son los pirómanos de la agresión” (página 570).

En el neoliberalismo, los hombres sobrantes son los desempleados, que ahora ya no están en espera de un trabajo, ya no son ejército de reserva, pues la exclusión y la desocupación ya no son provisionales, sino definitivas. También sobran los inmigrados, que en Europa no son considerados ni siquiera extranjeros ya que se les aplica una connotación despectiva. También los diferentes forman parte de los sobrantes, por lo que su identidad intenta ser anulada. El caso de los palestinos es tan grave para Labica, que los denomina “los indios de los israelitas” (página 572).

Preocupa a este autor que la izquierda sustituya a la derecha en la administración de las relaciones de poder capitalistas. También  el hecho de que las grandes potencias se arroguen el derecho a decidir qué es respeto a los derechos humanos. Afirma: “los autoproclamados detentadores de los derechos, son precisamente los que se los sacuden sin escrúpulos cuando se trata de servir a sus propios intereses, como se ha visto de manera escandalosa con ocasión de la Guerra del Golfo, de las expediciones a Granada, Panamá o Nicaragua, de las intervenciones armadas en el Cercano Oriente, en África e incluso en Vietnam” (página 574).

Concluye señalando que aunque los países sean distintos, todos se encuentran hoy bajo el dictado del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio.  Y nos llama a no utilizar las palabras de los ideólogos del capital neoliberalizado, sino que recuperemos las ideas motrices de la lucha como imperialismo, clase, revolución y utopía.

 

El libre comercio es una falacia

El mismísimo presidente de México afirmó que el compromiso con el Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (por sus siglas ALCA) se deriva de una proposición de los presidentes que participan en las reuniones panamericanas, concretamente de la que tuvo lugar en Miami en 1994. Ofende tanta ignorancia (o mala fe al ocultar la verdad), pues fue George Bush I quien en 1991 puso en marcha la “Iniciativa para las Américas” con la que el gobierno norteamericano se proponía crear una zona hemisférica de libre comercio que se extendiera desde el puerto de Anchorage (en Alaska) hasta La Tierra del Fuego (en Argentina)” . Como dice Jaime Estay, ésta se ubicó “en un contexto de pérdida relativa  de posiciones de la economía estadounidense y de incremento presente y previsible de la competencia intercapitalista, a lo que se agregaban  tanto los cambios derivados del fin de la Guerra Fría como los avances de las economías asiáticas y el “relanzamiento” de la integración europea que se dio desde la segunda mitad de los años ochenta y que implicó progresos significativos en la integración de ese bloque”[5] 

Y no se piense que es el único ejemplo. El Banco Interamericano de Desarrollo habló del Plan Puebla Panamá en noviembre del 2000, en tanto que quienes lo suscribieron lo dieron a conocer en marzo del 2001.[6]

De acuerdo con lo anterior, el imperio necesita conservar su tasa de ganancia frente a la competencia de los bloques asiático y europeo, lo que le impulsa a imponer tratados de libre comercio en América Latina. Como dice John Saxe Fernández, “La invitación de Washington a la adopción de ’políticas de mercado’, se da muy en el espíritu del convite del tiburón a las focas a lanzarse a competir en las aguas del libre comercio y de la libre competencia”.[7]

Se ha dicho con razón, que el libre comercio ideal no requeriría más que una sola cláusula: “Existe libre comercio entre Estados Unidos de Norteamérica y México”. Por eso, cabe decir que los tratados que hoy existen, son reguladores del comercio, que de esa forma no es libre. Pensamos que el interés central de los norteamericanos es instalar una nueva legalidad supranacional en el Continente, con el fin de asegurar su predominio en el largo plazo.

Nos prometen que en el juego de comerciar con libertad, todos salimos beneficiados; que es por excelencia el juego de “todos ganan”. La historia latinoamericana de los últimos veinticinco años, dejó patente que esa promesa es ilusoria, pues cuando alguien gana, otros pierden. E invariablemente hemos sido los países atados por la deuda externa los que salimos perdiendo.

Por ello, los cambios a los sistemas educativos de las naciones latinoamericano generados por el neoliberalismo, deben ubicarse en la lógica de estos tratados de libre comercio al estilo ALCA. No han traído los provechos que anunciaron sus propagadores. Destruyeron nuestras tradiciones e instituciones educativas y, en su lugar, nos trajeron tesis y prácticas que han puesto en crisis nuestra educación.

Ofrecieron que si aplicábamos al pie de la letra sus indicaciones, llegaríamos a la calidad y a la excelencia, entendidas a la manera del mundo capitalista: como expresiones de rentabilidad económica. La realidad no acredita estas tesis, pues aunque hemos retrocedido en identidad propia, no hemos arribado al ansiado paraíso de los  neoliberales. La escuela privada no es el instrumento idóneo para que nuestros nacionales adquieran competitividad frente al mundo exterior, pues éste se encuentra repartido de antemano entre los desarrollados.

Para Víctor Figueroa, el libre cambio es “al mismo tiempo, un elemento de la gestión estatal de la crisis de la propia economía estadounidense y un arma en las actuales luchas por una posición destacada dentro de los sistemas de hegemonía compartida que caracteriza las relaciones entre las naciones más desarrolladas en estos momentos”.[8]

Lo explica así: el Estado capitalista es la organización de los representantes del capital convertidos en clase dominante. Requiere, por ello, reprimir o neutralizar el conflicto entre clases antagónicas.

Ahora bien, hay tareas que por la magnitud de la inversión que requieren, por su alto nivel de riesgo o por seguridad nacional, no pueden ser realizadas por los particulares. Entre ellas, está el desarrollo de la ciencia básica, que es indispensable para que se genere el desarrollo. A eso se debe la íntima vinculación que existe entre la actividad del Estado y el avance del conocimiento. La investigación básica, “cualquiera que sea la forma de la relación de capital que predomine (estatal o privada), será llevada a cabo con cargo al presupuesto del Estado y se presenta como una tarea crucial del mismo”. De ese modo, “el desarrollo económico reclama la atención del Estado y no puede tener lugar sin ella” (página 4).

Las crisis cíclicas del capital son resueltas por éste a costa del trabajo. Cuando tales crisis se presentan, aparece un nueva forma de gestión estatal, cuyo objetivo es “transferir ingresos del trabajo al capital, en la perspectiva de respaldar la tasa de ganancia, y ello implica reducir tanto los salarios como los recursos y la actividad del Estado (página 6). La función estatal no se elimina, se transforma: deja de hacer algunas actividades y efectúa otras nuevas.

El liberalismo económico se instaló en la década de los ochenta del siglo XX en Estados Unidos y dominó la vida académica y política. El surgimiento de Europa y Japón como competidores, le llevó a disputar con éstos el dominio del escenario mundial, para lo cual activó el libre comercio y formalizó su dominación respecto de Latinoamérica, se basó en La Iniciativa para las Américas de Bush I, cuyo objetivo no es otro que “la libre movilidad del capital para la inversión productiva” (página 8 de la segunda parte del texto). Las ventajas que obtuvo USA son éstas:

–          La producción se abarata en proporción al menor costo de los medios de producción y de la fuerza de trabajo.

–          Al bajar sus costos, la empresa extranjera instalada en nuestros países gana competitividad internacional.

–          Las exportaciones de las economías que se abran a la inversión extranjera, deben tender al crecimiento.

–          Con su inversión, USA reconfirma su presencia en la región y contiene la de otros países.

Este espejismo deslumbró hasta a pensadores que habían sido progresistas. Uno de ello, Sergio de la Peña, consideró que sería nuestra oportunidad de entrar a la carrera del desarrollo, y que sus riesgos serían “menores a los que promete la agonía permanente del subdesarrollo de no acudir a la cita histórica a que convoca el TLC”.[9]

Los hechos dan cuenta de que acertó Figueroa al decir que la gestión estatal sigue siendo indispensable para promover el desarrollo, incluido el de signo capitalista.

 

La incidencia de la deuda externa

Víctor Manuel Figueroa Sepúlveda, al analizar el tema de la deuda de los países subdesarrollados, señala que la misma tiene causas, se produce por algo.[10] Afirma que la balanza comercial de las naciones latinoamericanas tiene tendencia al déficit, o sea que compramos más de lo que vendemos al exterior. y esto produce tanto la deuda como la Inversión Extranjera Directa (IED). Lo anterior se debe a que no producimos progreso, porque no hemos separado el trabajo de operación del trabajo científico.

Explica Víctor Figueroa que cuando se trajo las máquinas a América Latina, no hubo conciencia de nuestra parte de que en ellas había conocimiento. “Crecimos importando el progreso, o sea, procesos de producción nuevos y bienes nuevos, dotados de conocimiento”, nos dice.

Por eso, en la actualidad cada inversión que hace Estados Unidos en nuestro país, implica que una parte de sus rendimientos sale para allá. Así resuelve sus problemas internos, mientras acá crece el ejército industrial de reserva o, lo que es peor, el contingente de los que ya no aspiran a un empleo.

Los latinoamericanos solamente exportamos productos del trabajo inmediato, no del científico, lo cual nos hace dependientes. Esta es la base, según Figueroa, del sistema imperialista. Un país subdesarrollado es el que trabaja importando progreso; funciona como extensión de una economía desarrollada. Por eso, en las negociaciones de los tratados de libre comercio, Estados Unidos pone por delante lo que llama la protección de la propiedad intelectual. Eso le garantiza el monopolio del desarrollo científico y tecnológico. Entonces, la causa de la deuda es que el trabajo científico y sus productos mercatilizables están en manos de los desarrollados.[11]

 

El Consenso de Washington

Una vez que se vieron sin enemigo al frente, los capitalistas del mundo comenzaron a poner en práctica las medidas que creyeron pertinentes. Fue así como se diseñó el Consenso de Washington, definido por su redactor principal, John Williamson como “Lo que Washington quiere decir cuando se refiere a reformas de las políticas económicas.”

Se trata de un decálogo de política económica; algo así como los diez mandamientos del neoliberalismo. Éstos son:

1.-Disciplina presupuestaria.

2.- Cambios en las prioridades del gasto público (de áreas de menos productividad a sanidad, educación e infraestructura).

3.- Reforma fiscal encaminada a buscar bases imponibles amplias y tipos de cambio moderados.

4.- Liberalización financiera, especialmente de los tipos de interés.

5.- Búsqueda y mantenimiento de tipos de cambio competitivos.

6.- Liberalización comercial.

7.- Apertura a la entrada de inversiones extranjeras directas.

8.- Privatizaciones.

9.- Desregulaciones. Y

10.- Garantía de los derechos de propiedad.[12]

A partir de entonces, el engañoso nombre de “Consenso” dio a entender que se trataba de una especie de acuerdo entre los representantes del capital globalizado y los países endeudados. En realidad, no fue más que la opinión de los vencedores, quienes se proponían reforzar su control de la economía planetaria y darle permanencia en el mediano y, de ser posible, en el largo plazo.   

Lo más relevante es que el decálogo no se limita a lo económico, sino que abarca la totalidad del funcionamiento de las sociedades dependientes. Se propone, por supuesto, incidir en la base económica, pues sin ella no es posible modificar los demás espacios de la sociedad. Pero va mucho más allá y se plantea una revolución movida por la violencia que ejerce el dinero. No es casual que al comenzarse a aplicar estas políticas, todos los gobiernos de la región latinoamericana reforzaron sus aparatos de fuerza: más policías, más entrenamiento para enfrentar masas, más equipo sofisticado, más propaganda hablando de la necesidad de “acabar con la delincuencia organizada”.

La violencia que ejerce el capital se respira por todos los poros de la sociedad; es sistemática. Para controlar a las multitudes, que saben se rebelarán contra los efectos de sus políticas, preparan campañas que sensibilizan a la población de lo “indispensable” que es construir más cárceles con muros electrificados y controles cada vez más rígidos. “La seguridad es el problema número uno de nuestros días”, gritan los lectores de noticias de radio y televisión. Transmiten escenas de violencia extrema como el asesinato de una persona para quitarle su vehículo, el robo de un cajero automático arrancándolo de cuajo o el intento de linchamiento de algún policía por parte de la población.[13] Generan alarma y con ello “legitiman” cualquier medida represiva que tome el poder. 

La clave para el Consenso de Washington está en cambiar radicalmente al Estado, liberándolo de responsabilidades con las clases sociales mayoritarias y asignándole nuevas funciones para beneficio de los inversionistas. Y como en América Latina no existían a finales del siglo XX burguesías locales fuertes, desde el poder se les creó al transmitirles inmensas porciones de riqueza pública mediante las privatizaciones. Después se les presionó para que se aliaran al capital transnacional, hasta hacerlas depender de él. Donde mejor funcionó este esquema, es en el sector servicios que, ya sabemos, es el que conduce la economía en la fase neoliberal del capitalismo.

De modo que ese Consenso no tiene características de arreglo entre partes, sino que pretende formalizar y consolidar una nueva forma de colonización: la que corresponde a la globalización neoliberal. Y su aplicación resultó muy exitosa, pues multitud de intelectuales (algunos diciendo que son de izquierda), se sometieron a las reglas y adoptaron el decálogo como si fuera palabra de dios.

Olesker sintetiza los diez puntos citado en tres reformas estructurales:

a)      La del sector externo, sustentada en la apertura comercial y financiera.

b)      La laboral, basada en la desregulación. Y

c)      La del sector público que se finca en la privatización y que implica la sustitución del Estado de Bienestar por el Estado Ordenador del Proceso de Acumulación.[14]

Y encuentra que sus efectos han sido más fuertes en las siguientes áreas: 1.- Las relaciones con el exterior, 2.-el mercado de trabajo, 3.-el sistema financiero, y 4.- los mercados de bienes y servicios (donde se ubica la educación).

Menciona Daniel Olesker. El carácter concentrador del modelo, que reduce la participación de los sueldos y salarios en el ingreso nacional, en un contexto de precarización del empleo. Los capitalistas se apropian de una cuota mayor del excedente económico de la sociedad, incluyendo la inversión extranjera directa en los sectores privado y recién privatizado. De modo que deviene en exclusión en tres dimensiones:

A.- Económica: por marginalización (los indígenas y los diferentes), del mercado de trabajo (por inestabilidad laboral y por sueldos insuficientes), y del acceso a los medios de producción (despojo de la tierra).

B.- Social. Se dificulta el acceso a la educación al tener que pagarse; de los ámbitos de socialización (por el costo de los servicios combinado con los bajos ingresos); y de los ámbitos de consumos tradicionales (incluso de la legalidad).

C.- Política: al entregar el monopolio a los partidos reconocidos por el poder.

De hecho, no hubo país latinoamericano que se salvara de esta plaga, pero Argentina fue el caso extremo. Eso dio lugar a que un presidente que provenía de una fuerza derechista, Néstor Kirchner, se plantara frente al Fondo Monetario Internacional y le pusiera un alto a sus imposiciones…hasta ahora con éxito.

 

El significado del decálogo neoliberal

Buena parte de los educadores de nuestros países tragaron el anzuelo del decálogo neoliberal. Devoraron la carnada e hicieron suyas las tesis del capital en su fase neoliberal. Conviene por eso que hagamos un ejercicio de traducción, para develar el sentido de lo que Washington quiere.

1.- El primer mandamiento es el de la disciplina presupuestaria. Suena de lo más lógico recomendar que nadie gaste más de lo que gana. En la economía personal o familiar esto resulta una verdad incontrastable. La garantía de seguridad, de estabilidad, de tranquilidad está en no disponer de más de lo que el trabajo propio genera.

Pero tratándose de la economía pública la cosa no es tan simple. Porque en la práctica, únicamente a los países endeudados se impone la regla de cero déficit, mientras que los desarrollados gastan cantidades muy superiores a lo que producen. Estados Unidos es el mejor ejemplo,[15] pues según el demógrafo francés Emmanuel Tood “está viviendo muy por encima de sus posibilidades y la brecha entre lo que consume y lo que produce se ensancha cada vez más”. Esto es posible porque la madurez de la globalización “permite afluir a Estados Unidos enormes recursos financieros, lo que le otorga medios que no corresponden a la realidad de su economía”[16] Para los latinoamericanos es muy simple entender esto, pues una gran parte de la riqueza que produce nuestra gente sale hacia el imperio en forma de pago de la deuda externa.

2.- Aunque Williamson hable de que el cambio en las prioridades del gasto público debe tender a reforzar el destinado a salud y educación, la historia del último cuarto de siglo nos demuestra que el Estado neoliberal deja de gastar en esos servicios públicos, en beneficio de los ejércitos y las policías y, sobre todo, del pago de la deuda externa.

Quienes hemos hecho nuestra vida dentro de las instituciones educativas, somos testigos de su paulatino e inexorable debilitamiento. Los administradores de las casas de estudios se asumen como responsables de reducir los más posible el gasto, aunque ello signifique el demérito de la función encomendada por la sociedad. Lo mismo ocurre en materia de salud, pues los hospitales públicos tienen cada vez menos capacidad para responder a las demandas de la población. El Seguro Popular se creó a imagen y semejanza de un servicio privado, lo que exime al Estado de la responsabilidad de atender a su población en este vital tema.

Es verificable que el cambio de orientación del gasto público en el neoliberalismo, ha sido en demérito de los servicios esenciales para la población.

3.- La propuesta de buscar amplias bases imponibles como punto crucial de la reforma fiscal, se traduce en cobrar impuestos de carácter general, con cargo a toda la población. El mejor ejemplo es el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que corre por cuenta de todos los consumidores.[17]

En cambio, se trata de derogar tributos como el Impuesto sobre la Renta, que gravan más a quien más gana en este sistema injusto. También hay que eliminar tributos como el impuesto sobre vehículos nuevos, que paga una parte pequeña de la población, que es la que cuenta con recursos para comprar un auto en agencia. Esto, en la opinión de los neoliberales, desestimula el esfuerzo individual hacia la superación (que se expresa como enriquecimiento).

Esta práctica neoliberal explica por qué América Latina es la región en donde la distribución del ingreso es más inequitativa. Pero de ninguna forma debe verse como algo exclusivo de nosotros, pues es inherente al capitalismo.

En cuanto a los tipos de cambio moderados, éstos no son otros que los que establece “el mercado”, o sea los especuladores. No hace mucho que Vicente Fox contradijo públicamente a su secretario de Economía, diciéndole que nadie iba a meter mano con la paridad del peso frente al dólar y las demás monedas del mundo.

4.- La liberalización financiera ha sido la más desastrosa de las medidas que nos impusieron los bancos globales. Nos llevó a la extranjerización de nuestros sistemas bancarios y de instituciones de finanzas. Consiste en dictar leyes que faciliten la circulación ilimitada de las inversiones, incluyendo la salida de capital cuando lo decidan los especuladores.[18]

No solamente se trata de garantizar la ganancia del inversionista, sino de dotar de fuerza a los negocios financieros existentes y crear otros. Los sistemas de administradoras de fondos para el retiro, los seguros populares, la protección a las bolsas de valores, constituyen mecanismos para trasladar riqueza a manos privadas.

No se ha cumplido el postulado teórico de que los particulares dinamizarían las economías locales. Lo más frecuente es la salida de divisas hacia los paraísos fiscales y hacia los países ricos. Y la salida de migrantes hacia los Estados Unidos es hoy por hoy el fenómeno que está en el centro de nuestras relaciones con el imperio.

5.- Los tipos de cambios competitivos son aquellos que atraen inversión. Las empresas van a los sitios donde se les aseguran  mejores condiciones de ganancia, por lo que se debe incentivar su actividad mediante mayores rendimientos.

Lo anterior ha descapitalizado a Latinoamérica, que ahora depende más que nunca de los dineros que mandan los migrantes que viven y laboran en territorio imperial. El fenómeno de las remesas ha crecido en importancia, al grado de que en México es la segunda fuente de ingresos para la nación, después del petróleo.

La realidad ha desautorizado el dogma de que es el mercado el que libremente fija los tipos de cambio, pues en esto intervienen los poderes fácticos, que son las trasnacionales y los gobiernos que podemos llamar gobernados (al estilo del que padecemos en México).

6.- La liberalización del comercio trajo la destrucción de muchas actividades productivas en México. Se dio mediante un proceso de abolición de impuestos que comenzó con el ingreso al Acuerdo General de Aranceles y Comercio (GATT) y culminó con el TLCAN. De una tasa impositiva de alrededor del 90% que había al inicio, hoy no llega al 10%.

Lo anterior habría sido positivo si los empleos en nuestro país hubiesen crecido en la misma proporción en que se eliminaron los aranceles. Pero no sucedió así y el Estado perdió fuentes de recursos sin sustituirlas por otras, lo cual incrementó su dependencia y su vulnerabilidad ante los agentes financieros internacionales.

Ciertamente, el modelo de economía cerrada se agotó, pero la insensata apertura a que nos empujó el capitalismo (y que fue alegremente asumida por los gobernantes gobernados que tenemos), primero descampesinizó y luego desindustrializó al país. Cuando el pueblo lleve al gobierno a un adversario del neoliberalismo, encontrará obstáculos formidables para rehacer con autonomía el tejido económico interno.    

7.- La apertura a la inversión extranjera directa quiere decir ausencia de límites. Hubo en México una ley que promovió la inversión nacional y limitó la extranjera, que ya no existe.

Con motivo de la aplicación del modelo neoliberal, fuimos invadidos por empresas que se apoderaron del mercado interno, sobre todo de los servicios. Centenares de tiendas de autoservicio, de venta de comida rápida e incluso de abarrotes como Oxxo, acabaron con centenares o tal vez miles de establecimientos pequeños que eran fuente de sustento para muchas familias (los puestos de venta de quesadillas o tamales y los estanquillos son buen ejemplo).  

Debido a que la inversión puede ser 100% extranjera, las empresas como Burger Boy traen de su país los muebles de la cocina, del baño y del restaurante, la pintura que usan en el local y hasta las servilletas y los palillos. De modo que los empleos se mantienen en el imperio, pero se pierden en México.

8.- La privatización es fuente de corrupción. Casi siempre son los propios gobernantes, o individuos y grupos muy vinculados con ellos, quienes se quedan con las empresas públicas.

Está demostrado que es falso el dogma de que en manos privadas las empresas son más eficientes y honestas. Lo comprueban los casos del sector bancario y de la industria azucarera, permanentemente inmersos en un círculo vicioso de quiebra-rescate. Siempre son los particulares los que se enriquecen (aunque a veces vayan un tiempo corto a la cárcel, como Jorge Lankenau) y el Estado el que paga con recursos del pueblo.

Privatizar no es sinónimo de mejorar. Y hay campos de la vida social, como la educación, que repelen el manejo basado en la lógica de la utilidad mercantil. Mercadear la cultura es condenar a nuestros pueblos a la pérdida de su identidad. En la Biblia, se consigan el pasaje en el que Jesús echó a los mercaderes del templo. Es de creerse que no estaba en contra del comercio en sí, sino de que se comerciara con los valores de la religión. De la misma forma, debemos rechazar que se comercie con la educación, como postula el neoliberalismo.  

9.- Desregular quiere decir, en lenguaje llano, derogar leyes que obstaculicen el enriquecimiento de los capitalistas. Se califica de “rígidas” a las normas que protegen al trabajador, al medio ambiente o al patrimonio histórico y cultural de un pueblo, y se llama a “flexibilizarlas”.

Cuando la resistencia de la sociedad no permite cambios a las leyes, éstas son burladas. El fraude a la ley se da claramente, cuando se conceden contratos a empresas extranjeras en la generación de energía eléctrica o en la exploración de nuestros mantos petrolíferos. También cuando los tribunales laborales desnaturalizan la función protectora del Derecho Laboral, como sucede con gran frecuencia. Según la abogada Amelia Noriega, la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha realizado una reforma silenciosa, que consiste en modificar los criterios de interpretación “de acuerdo con las propuestas hechas  por los organismos empresariales y defendidas por el secretario del Trabajo Carlos Abascal”.[19]   

Es más que evidente que a partir de la vigencia del neoliberalismo en México, se dio un retroceso fundamental en el Derecho del Trabajo.

10.- Los neoliberales hablan de proteger el derecho de propiedad, cuando modifican las leyes mercantiles y procesales para garantizar a los bancos un pronto cobro de sus créditos, aunque éstos se otorguen con intereses leoninos. También cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación bendijo el anatocismo, o sea el cobro de intereses sobre intereses.

No se trata sólo de la propiedad intelectual de los artistas o descubridores, sino de los mercaderes que compran el talento y lo patentan como suyo. La biodiversidad del planeta está siendo patentada como su propiedad por algunos vivales, que luego reclaman respeto a “su sagrado derecho”.

Lo que más interesa a los capitalistas es la protección de las patentes y marcas, así como el otorgamiento de contratos que aseguran extracción de riqueza de todo el globo.

A todo lo anterior, la escritora hindú Arundhati Roy le denomina “La Teología de la Liberación Empresarial”, que liberaliza al comercio y esclaviza a las personas. Por virtud de ella, “…el mundo ‘civilizado’, ‘moderno’  -construido con tanto esfuerzo sobre un legado de genocidio, esclavitud y colonialismo- ahora controla la mayor parte del petróleo mundial. Y la mayoría de las armas mundiales, la mayor parte del dinero mundial y la mayoría de los medios del mundo”.[20]

En síntesis, la ideología que nos imponen es de competencia y egoísmo, no de comunión y amor. El recetario de Washington no lo aplican los países que se benefician de la globalización; sólo se impone a los endeudados, con el fin perpetuar su dependencia. No son ideas liberadoras, sino enajenantes. En materia educativa, someten el conocimiento a las reglas del mercado, desnaturalizando su esencia. El propio John Williamson, en el VI Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, realizado en La Habana, admitió que la liberalización comercial y otras prácticas “sugeridas” por el Consenso de Washington, llevaron a Argentina a la debacle económica. Aunque mencionó que se distorsionaron las ideas del Consenso, que “pretendían el desarrollo de la región”.[21]

 

La cultura como negocio

 

El 20 de septiembre del 2005, Vicente Fox envió a la Cámara federal de Diputados una iniciativa de Ley de Fomento y Difusión de la Cultura, que según sus promotores podía ser aprobada a inicios del 2006 para dar autonomía plena y patrimonio propio al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), y regularizar su situación jurídica, hoy muy cuestionada.[22]

La concepción que anima ese proyecto es la empresarial. No es ningún misterio que el gobierno de Fox se inspira en los principios de la competencia y la ganancia. De modo que es lógico que su iniciativa contemple –como punto central- la creación de empresas culturales.[23]  Será obligación del Conaculta promover y apoyar su establecimiento, desarrollo y consolidación, tomando en cuenta su importancia “para preservar y difundir la cultura e identidad nacional y como elementos de cohesión social, así como su favorable impacto en la economía nacional…” (artículo 40).

Y es que, para los neoliberales, nada es importante si no es negocio. En el mercado, dicen, se debe resolver la totalidad de la vida social. Nada de extraordinario encuentran en la cultura como para que escape a la regla del rendimiento económico.

Gilberto López y Rivas considera que esta iniciativa es “un intento más de los afanes atentatorios de la derecha mexicana contra el principio de interés social y nacional que inspiró la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos de 1972… (pues favorece) el usufructo y la apropiación capitalista de bienes de intrínseco uso social en beneficio de empresarios, consorcios y grandes cadenas corporativas”.[24]

Para sus autores materiales, la propuesta por Fox es “la ley que se necesita”[25] y “la mejor posible”[26] porque no fue hecha para beneficiar a los monopolios como Televisa, TV Azteca o a la Operadora de Centros de Entretenimiento, sino a las micro, pequeñas y medianas empresas.

En cambio, los investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia, en su IV Congreso Nacional, la consideraron “un atentado a la cultura y al patrimonio cultural de nuestro país”[27]   

 

El contenido esencial de la propuesta foxiana

 

Lo primero que destaca, es la intención de regularizar la existencia del Conaculta, organismo que Carlos Salinas de Gortari sobrepuso al INAH, al INBA y a otros del sector cultural, con el fin de privarlos de autonomía. Se trata, como bien se sabe, de un sector donde los académicos y demás trabajadores son muy progresistas y han resistido los intentos de desnacionalizar sus tareas. Por eso se les colocó encima el adefesio llamado Conaculta, lo cual ha generado el caos que ahora pretenden explotar los neoliberales.[28]

Entre los principales defectos de la iniciativa foxiana, encontramos éstos:[29]

1.- No se distingue claramente los conceptos “cultura” y “patrimonio cultural”, lo que permitiría la toma arbitraria de decisiones.

2.- No toma en cuenta que la Constitución de la República  impone al gobierno federal la obligación de promover nuestra cultura y no todo tipo de cultura. O sea, que debe preocuparse y ocuparse de aquella que nos da identidad y unidad como mexicanos. Esto es importante, porque hay que acotar al Estado a aquellas acciones que refuerzan nuestra nacionalidad, obviamente sin demeritar ninguna aportación cultural. Es significativo que el artículo 3º de la Carta Magna no sea mencionado una sola vez en la iniciativa.

3.- En violación a la norma constitucional mencionada, la iniciativa propone “la vinculación permanente, armónica, coordinada y eficaz de la cultura con la educación, la ciencia, la tecnología, el turismo, los medios de comunicación y las industrias culturales”. La confusión entre cuestiones sustanciales como la educación, y operacionales como los medios informativos, es más que evidente.

4.- Se concentra la toma de decisiones en Conaculta, con el consecuente debilitamiento de la participación de la comunidad cultural. La burocracia, en alianza con los empresarios, reforzaría su dominio sobre la cultura.

5.- Se dice que con las nuevas reglas propuestas por ellos, se respetan las leyes del INAH y del INBA, pero en la realidad se abroga gran parte de sus preceptos.

Como dijo el IV Congreso de Investigadores del INAH, “En suma, con esta propuesta de ley, el Estado mexicano evade su responsabilidad, en la protección conservación e investigación del patrimonio cultural y abre las puertas para que actúen sobre él, sin ningún control, los capitales nacionales y transnacionales, ávidos de utilizarlo para actividades turísticas y para comercializarlo”.[30]  

El ejemplo lo tenemos ya en Cholula, Puebla, donde “…ahora se puede ver que los bares asentados en torno al gran basamento utilizan la plataforma oriente de la pirámide como estacionamiento para sus clientes, pero otro propietario ha destinado su predio como depósito de autos chocados.”[31]

A la medida de los deseos del capital global y de sus “bancos educadores y rectores de la cultura universal”: el FMI y el Banco Mundial.

 

Los aires renovadores vienen del sur

México cayó en manos de la derecha panista. El régimen de Partido de Estado, autoritario, represivo y corrupto, cayó hacia la derecha en el año 2000. El imperio no había permitido un relevo diferente en el año de 1988, cuando triunfó en los comicios Cuauhtémoc Cárdenas, pero sí presionó a Ernesto Zedillo para que diera paso a Vicente Fox. A diferencia de sus predecesores priístas, éste resultó incompetente e imperito en el cumplimiento de las consignas de los bancos educadores.

Carlos Salinas de Gortari ha sido el mejor operador político que hayan tenido el FMI y el BM. No de gratis le otorgaron doctorados honoris causa en varias universidades del llamado primer mundo. Se permitía dar consejo a diestra y siniestra (desde los banqueros japoneses hasta los excomunistas del tipo de Gorvachov y Yeltsin que corrían presurosos a la órbita capitalista), y era la representación viva del triunfador. En cambio. Zedillo cumplió dentro de su mediocridad y hoy lo protegen los norteamericanos para que no sea enjuiciado por el descomunal fraude el Fobaproa-Ipab. Pero Fox no da una, pues carece del más elemental sentido común para manejar la política nacional y salta de un error a una equivocación, prácticamente sin solución de continuidad.[32]

Pero gracias a la resistencia sorda del pueblo de México, entre nosotros los estragos del modelo neoliberal no son tan grandes como en otros países. Aún tenemos el control de los energéticos, aunque todos los días nos presionan desde el gobierno y desde buena parte de los medios de información para que aceptemos que sean entregados al capital transnacional. También seguimos teniendo educación pública, laica y gratuita, aunque bajo permanente asedio.

Quizá porque los daños son mayores en el sur, desde allá vienen los aires renovadores. Hay gobiernos que se definen como antineoliberales en Venezuela, Argentina, Uruguay, Brasil y recientemente Bolivia.[33] El enorme componente indígena de la población boliviana, hace pensar en probables planteamientos de cambio profundo en esa nación hermana. La presencia de estos regímenes, es motivo de optimismo. Se verá hasta dónde son capaces de echar por tierra los dogmas neoliberales y construir políticas acordes a las necesidades de la Gran Patria que soñó Bolívar.

 

¿Es posible derrotar al imperio?

El poderío bélico de los Estados Unidos parece dotarlos de una capacidad de muerte superior a la de todos los demás países juntos. El mundo se pasmó al presenciar la facilidad con que entraron a Irak, se apoderaron de sus riquezas y pusieron un gobierno pelele. En el terreno de la violencia, no parecen tener hoy enemigo al frente.[34]

Pero no ocurre lo mismo en materia de autoridad moral. Quedó muy atrás aquella postura de los norteamericanos que se sentían facultados para certificar la conducta de las demás naciones e incluso sancionarlas, por “corruptas”, “protectoras del terrorismo” o “inmiscuidas en el comercio de drogas”, cuando lo consideraran conveniente. O al menos, esos juicios carecen de credibilidad ética.

La administración de George Bush se abrió de capa. La ocupación de Irak tiene, entre otros claros propósitos, la ganancia para sus allegados. Las empresas Bechtel, MCI (anteriormente World Com) y Halliburton, de los amigos del presidente, se hicieron de contratos millonarios para “la reconstrucción” de esa mártir nación.[35] Para alcanzar sus objetivos, el gobierno estadounidense utilizó como “tontos útiles” a sus aliados europeos, pues instaló en varios de ellos cárceles clandestinas donde aplica sofisticados métodos de tortura a “terroristas”. Sus bases militares en Italia y otros países, tienen pistas de aterrizaje para aviones “inexistentes”, que hacen vuelos “que no ocurren”, para trasladar a personas que “no están en su poder”.

A estas alturas, Estados Unidos va perdiendo el debate internacional, pues ya casi nadie (ni siquiera dentro de su territorio) respalda las esquizofrénicas acciones de Bush júnior. Es en este terreno donde se le puede derrotar, aunque el mundo entero corre el riesgo de que un día los gobernantes norteamericanos decidan invadir cualquier nación y lo hagan sin grandes dificultades.[36]   

 

Educación no es sinónimo de sumisión

Los apologetas del neoliberalismo nos convocan a aceptar que nuestro único futuro posible es la subordinación. Consideran que la creación del saber es tarea exclusiva de los desarrollados y que nuestra misión es aplicarlo conforme a sus instrucciones. Por eso reducen el papel de la educación a la sola transmisión del conocimiento engendrado en el mundo de los “triunfadores”. Cuando mucho, podemos crear nueva sabiduría si la engarzamos a sus modelos. “No hay opciones políticas ni culturales, sólo necesidades económicas”, nos dicen.

Por eso no tienen empacho en pugnar por la conversión en negocio hasta de lo más sagrado: las creencias religiosas, las tradiciones culturales de los pueblos, el patrimonio histórico de la humanidad.[37]

Desde nuestra cosmovisión, la tarea educativa busca otras metas. Principalmente la de liberar conciencias y dotar de armas intelectuales a las personas. Quien aprende a develar los secretos de la naturaleza y de la sociedad, tiene menos temores al enfrentar la realidad. No teme a los elementos naturales por serle misteriosos, sino porque está consciente de su poderío y de la necesidad de respetarlos.

Liberar quiere decir permitir que todo el potencial del ser humano se desenvuelva a plenitud; sin prejuicios ni dogmas que lo sujeten y lo hagan víctima de la dominación de otro u otros. Obviamente en consonancia con la naturaleza y no es su contra o en su daño; sintonizándose con su medio para emplearlo en su beneficio y en el de los demás; sin dañarlo ni acabar con él.

Al educarse, las personas aprenden. Conocen, se enteran, comparten y transforman. Es importante que estas tareas se cumplan conscientemente, sabiendo de sus repercusiones, para asumir las consecuencias de lo que ocurra.

Saber es un privilegio, pero también una responsabilidad. Se ha repetido casi mecánicamente la frase de que “el conocimiento es poder, la información es poder”. Lo repetitivo no le quita lo cierto. Cuando alguien toma conocimiento de las cosas, está en situación de aprovecharlas, en beneficio o en perjuicio de la humanidad. La elección es parte central de la educación, porque implica hacia dónde se quiere ir con lo adquirido.

Por eso, quien educa puede escoger entre deformar para controlar, o formar para liberar.

 

Los bancos educadores formatean al mundo

Ya nadie duda de que “Los organismos financieros (BM y FMI), en los hechos, fungen como instrumentos de proyección de poder del Ejecutivo estadounidense en América latina, promoviendo programas de ajuste estructural (PAE) y de privatizaciones a ultranza del sector público, incluida la educación pública media superior y de la docencia e investigación de la educación superior, todo a nombre de la mano invisible del ‘mercado global’, por lo visto, una expresión secularizada de Dios”[38]

Aplicando un proyecto de poder imperial, esos bancos educadores se dieron a la tarea de modificar de raíz las concepciones, los planes, las prácticas, las estructuras y los métodos educativos de Latinoamérica. Lo esencial de su planteamiento es que nada debe ser gratuito, pues en el mercado todo tiene precio.[39] Por eso, postulan que la tarea educativa tiene que regirse por las normas mercantiles: la compra el que tiene con qué, y carece de ella el insolvente.

Para el FMI y el BM, la educación debe autofinanciarse. Esto quiere decir:

a)      Incremento de las colegiaturas.

b)      Cobrar el costo total de pensión.

c)      Instrumentar medidas de préstamos a los estudiantes.

d)      Cobrar los intereses prevalecientes en el mercado a todos los préstamos.

e)      Mejorar el cobro de los préstamos a través de compañías privadas y la introducción de un impuesto a graduados.

f)        Adiestrar a los profesores como empresarios.

g)      Vender investigación y cursos. Y

h)      Incrementar el número de instituciones educativas privadas con cobros del costo total de la enseñanza.[40]

La pretensión va más allá: introyectar en la sociedad mundial la idea de que existe una empresa o industria educativa, que comercia con los servicios de docencia e investigación. Sus clientes serían los estudiantes, que conformarían el mercado. Para que éste funcionara, el Estado tendría que otorgar préstamos a los usuarios, con los cuales se cubriría el costo del sistema. Crecería y permanecería el empresario que fuese capaz de vender al precio más bajo y con la mayor calidad (o con la mayor cantidad de publicidad, como sucede con la mayoría de los productos exitosos), y sucumbiría quien no lo lograra.

Ninguna región del globo escapa a estos planes de los organismos crediticios del capital. Su intención es formatear al mundo entero.

Sólo que tienen un obstáculo: los maestros. ¿Qué hacer con ellos? Minimizar su participación en el proceso educativo, reduciendo su papel al de facilitadores de la transmisión del conocimiento.

 

Nuestra apuesta es, todavía, por la educación popular

 

Al iniciar el siglo XXI, de nueva cuenta se enfrentan dos proyectos de nación que llevan implícita una definición acerca del quehacer educativo. Por un lado, las fuerzas conservadoras han retomado un papel activo, de presión y de búsqueda de posiciones de poder, con el fin de hacer realidad su propuesta de un orden social individualista, basado en la competencia. Por el otro, quienes nos alineamos del lado progresista y creemos en los valores de la solidaridad y en el quehacer colectivo, intentamos que sea ésta la visión que predomine y que en lugar de competir se enseñe a las personas a compartir y a convivir de forma armónica. No está por demás reconocer que las derechas llevan la delantera en el mundo globalizado, pues están en auge los negocios personales de modo que son los particulares los que marcan la pauta en la economía, la política e incluso en la sociedad y la cultura.[41]

 

De forma mucho más clara que en otras etapas de la historia del capitalismo, en ésta de la globalización imperial se advierte que la educación es una tarea estratégica. Mediante ella, las fuerzas en conflicto tratan de que sus puntos de vista sean los hegemónicos y que los educandos asimilen y hagan suyos los valores que cada proyecto lleva en su interior. Puede decirse que el terreno educativo está como siempre en disputa, y que hoy por hoy lo dominan los intereses de la privatización y de la búsqueda de ganancia.

 

Pero aunque está claro que el proyecto neoliberal lleva la delantera, todavía es más claro que está mostrando síntomas de fracaso. Porque la privatización de la vida social no ha traído los beneficios prometidos: ni la democracia en la vida política, ni la justicia en el ámbito económico, ni la equidad en el campo de la cultura y la vida social. Por el contrario, cada vez hay más evidencias de que el modelo de la globalización neoliberal es empobrecedor de millones de seres humanos, es generador de violencia entre las personas y entre los países y, por si eso fuera poco, es propiciador de la dominación de un solo imperio sobre el resto del planeta. Por eso el debate sobre la educación y su orientación esta más vigente que nunca.

 

El postulado central de los neoliberales es la privatización. Consideran que todo debe estar en manos de particulares que realicen las actividades con fines lucrativos, pues de otra manera las cosas no funcionan. Parten del supuesto de que el ser humano únicamente es eficiente cuando está motivado por la ganancia. A la ley del rendimiento, afirman, no debe escapar ninguna acción del ser humano; pues todas tienen que someterse a la prueba de la utilidad que generen a quien las realiza.[42] Por eso es tan enfática la postura del Banco Mundial al caracterizar como un bien privado a la educación.

 

Y si éste es, como pensamos que es, el meollo del proyecto neoliberal, ahí es donde hay que profundizar y hacer planteamientos alternativos. ¿Qué significa que la educación sea un bien privado?. Ni más ni menos que someterla a las reglas del mercado, catalogarla como un servicio mercantil regido por la ley de la oferta y la demanda y que, en consecuencia, sólo puede ser adquirido por quien tiene la capacidad económica para pagarlo. Desde esta perspectiva, no importa si muchas personas se quedan sin educación; es suficiente que la reciban aquellos que van a ser ocupados en el aparato productivo. Para los demás, se puede pensar en una instrucción muy elemental que se traducirá fatalmente en una permanente precariedad de sus condiciones de vida. [43]

 

Si admitimos que por naturaleza la educación es privada, tendremos que aceptar que se rija por las mismas normas de cualquier empresa. Así, la industria educativa, será un centro de producción de un servicio destinado al  mercado, cuya adquisición y disfrute dependerá de la capacidad económica de los clientes. En tales condiciones, la única obligación del Estado es la de permitir que las empresas operen adecuadamente y que el servicio esté a disposición del cliente para que pueda usarlo en el momento en que lo demande, cubriendo por supuesto el correspondiente costo.

 

Si la educación se rige por la ganancia, entonces no hay en ese quehacer ningún valor comunitario. Es irrelevante que las personas aprendan a compartir a comulgar, a participar; basta conque adquieran el servicio educativo y lo aprovechen en su beneficio, igual que cualquier otro bien que está a su disposición en el mercado.

 

En tal visión, educar es preparar a la gente para que realice tareas económicamente redituables y se haga de un lugar en la sociedad. La única manera de saber si esa persona es apta para triunfar en la sociedad, es verla funcionar en el mercado. Si triunfa vendiendo el servicio y adquiriendo lo que necesita en materia educativa, entonces su aptitud estará comprobada; si, por el contrario, no tiene la posibilidad de mantener una industria de la educación y además no puede tener acceso a los niveles más elevados de esta tarea, será porque carece de los atributos naturales necesarios para ello.

 

En el neoliberalismo, la equidad no consiste en que todos tengamos acceso a los bienes, productos y servicios, sino en que los mismos estén a nuestra disposición en el mercado. De esa forma, todos podemos acceder a la alta cultura si podemos pagar el precio de las obras de un artista, o si estamos en condiciones de adquirir un disco o un cassette que nos haga conocer la música que eleve nuestra capacidad de entendimiento o que nos traiga placer. Bastará, en materia educativa, que haya varias empresas que oferten la enseñanza primaria o el aprendizaje del nivel medio superior o superior, o bien que nos ofrezcan cursos especializados, para que de esa forma podamos acceder a ellos cuando contemos con los recursos económicos para cubrir su costo.

 

En el mercado hay vendedores, intermediarios, propagandistas y hay clientes. La relación entre el productor y el adquirente no es siempre directa, pues está mediada por la acción de quienes acercan los productos o servicios a las personas, y sobre todo por el enorme poder de la publicidad de los medios masivos.[44] 

 

Como el mercado puro no existe, lo que tendríamos en materia educativa sería el éxito de aquellas empresas educacionales que mejor divulgaran su producto y que, mediante la influencia publicitaria, incidieran en la decisión de los clientes para elegir su carrera y el establecimiento concreto dónde cursarla. Convertido en cliente, el adquirente del servicio educativo sería en teoría el que determinaría el éxito o el fracaso de las industrias educativas. Pero al igual que ocurre en el resto de las actividades mercantiles, quien en última instancia vendría a ser decisoria sería la propaganda. En el esquema mercantil que nos proponen los neoliberales, la educación estaría desprovista de aquellos valores que no son redituables en lo económico. Por ejemplo, la solidaridad estorbaría pues podría servir para encarecer el producto y dificultar o reducir su competitividad en el mercado.[45]

 

A lo anterior, hay que oponer la concepción de que la educación es un bien público y también un bien social. Esto implica que su sostenimiento debe hacerse esencialmente con fondos provenientes del Estado, a fin de que no predominen los intereses particulares en la definición de lo que se transmite a las nuevas generaciones. A un negociante sólo le interesa es ganar dinero, de modo que en esa dirección quisiera que se orientara la educación. Quienes sabemos que el ser humano es más que rendimiento económico, debemos pugnar por una educación que libere a las personas, que las haga independientes y autosuficientes en lo espiritual y en lo intelectual. El esfuerzo educativo debe servir para que las personas, más allá de lo puramente económico, alcancen su plenitud como seres humanos. La persona no debe vivir atada a la necesidad, pues su potencial la capacita para vivir en libertad. 

 

La educación es también un bien social, porque responde a la característica de sociabilidad de las personas, que consiste en que sólo existen, sobreviven y se realizan, en comunión con sus semejantes. Ya desde Aristóteles se reconocía que fuera de la sociedad el ser humano es una bestia o es un dios.

 

Siendo entonces pública y social, la tarea educativa debe estar fundamentalmente en manos de la entidad que representa a la sociedad y no en las de los que sólo buscan provecho material. De esa forma, la educación tiene que estructurarse buscando que sus beneficios alcancen al conjunto de la sociedad, más allá de que las personas estén en condiciones o no de pagarla. Desde nuestro punto de vista, la equidad consiste en posibilitar el acceso de todos y de todas a la educación, y no simplemente ponerla a disposición en el mercado. En ésta, menos que en cualquiera otra actividad humana, debe aplicarse aquella ley del “dejar hacer, dejar pasar” de los fisiócratas. Por el contrario, desde el poder público adecuadamente organizado en beneficio de las mayorías sociales, se tiene que conducir los procesos educativos para que respondan a las necesidades, a los deseos y a las aspiraciones de los sectores más numerosos de la sociedad.

 

La educación está indisolublemente ligada a la libertad. Se trata de que por medio de ella los seres humanos tengamos un pensamiento libre; que no obedezcan dogmas o verdades irrefutables y sin discusión. Todo conocimiento es cuestionable, pues a partir de los argumentos, las razones, las experimentaciones, puede arribarse a nuevo conocimiento que tendrá validez hasta que sea sustituido por otro. Para nosotros no existe La Verdad; siempre hablamos de una verdad que tiene relación con un lugar y con un momento del desarrollo de la historia humana.

 

Asimismo, mediante la educación las personas adquieren la capacidad para conducirse libremente en su relación con los demás. El respeto de una persona para la otra, independientemente de su origen, raza, sexo, religión o condición económica, es fundamental para que se desarrolle una convivencia armónica y generadora de paz, tranquilidad y progreso.

 

El progreso lo entendemos de forma integral: que abarque todas las dimensiones del ser humano y no únicamente la referida a las cuestiones económicas. Sí son éstas muy importantes para alcanzar la plenitud del desarrollo humano, pero de ninguna manera son las únicas. Los valores espirituales que culturales animan a las personas, son igualmente fundamentales para conseguir su plenitud.

 

De cierta manera, educar significa otorgar poder. Poder no para oprimir a los semejantes sino para tratar con ellos en condiciones de igualdad. Poder para evitar que los demás se impongan sobre nosotros; poder para que cuando entremos en una relación ésta sea constructiva y mutuamente benéfica. Poder para tratar de que nuestras verdades sean tomadas en cuenta, que nuestros puntos de vista sean escuchados y que nuestra participación sea importante en la toma de decisiones colectivas. No poder para hacer de los demás nuestros vasallos; no para hacer que nuestras decisiones sean las únicas que se tomen en cuenta; no para que los demás tengan que acatar nuestros designios.

 

La educación es fundamental para imbuir en las personas un sentido de respeto hacia los otros; una actitud de tolerancia frente a la opinión de los demás; y la decisión de luchar por aquello en lo que creemos.

 

En resumen, la propuesta educativa del neoliberalismo nos lleva a un círculo vicioso que va de la inestabilidad en que mantienen a las personas en cuanto a su empleo, a su situación personal, pasa por la vulnerabilidad en que esto las mantiene, desemboca en una situación de inseguridad que lleva luego a la vulnerabilidad; y por último a la docilidad de los gobernados. En contra partida proponemos el círculo virtuoso que al otorgar estabilidad a las personas les proporciona seguridad. Con ello ejercen su creatividad y a fin de cuentas consiguen plenamente su libertad.

 

 


[1] Nótese lo que significa la postulación del “fin de la historia”. Implica ni más ni menos que ya no tiene sentido plantear propuestas distintas a la capitalista. Que es inútil resistir las imposiciones del “!libre mercado”. Que se acabó toda opción alternativa (como en nuestro caso la educación popular).

[2] “Globalidad, Cambio Estructural y Transformación en los Mercados de Trabajo y la Educación “, en Globalización y Alternativas Incluyentes para el Siglo XXI, publicación del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM y otras instituciones,  página 729.

[3]  “Actualidad y Necesidad del Pensamiento Crítico: ¿Hombres sobrantes?”, en Globalización…,pp. 567-573.

[4] Desde nuestro punto de vista, el Estado sigue siendo útil para que el capital transnacional domine al planeta. No ha dejado de ser instrumento de aquél, aunque sus el papel que le asignan se ha modificado a favor de una intensificación del aprovechamiento de la fuerza de trabajo. 

[5] Véase “El Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA), la Integración Latinoamericana y los Retos para una Inserción Internacional Alternativa”, en Aportes,  revista de la Facultad de Economía de la BUAP, año VI, número 17, página 76.

[6] El documento se llama”Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Básica entre México y los Países del Istmo Centroamericano”. Ver también “Hagamos de la Integración Mesoamericana una Realidad: los Desafíos de Mesoamérica”, en www//iadb.org/ppp/files/documents

[7] “Globalización, Poder y Educación Pública”, cuaderno número 8 de Universidad a Debate, serie publicada por el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, primera edición, 2005, página 22.

[8] Cfr. “El Librecambismo y la Gestión Estatal de la Crisis de los Estados Unidos”, publicado en dos partes en la revista Vínculo Jurídico, número doble 11-12, de junio-diciembre de 1992 y número 13, de enero-marzo de 1993.

[9] Citado por Figueroa, página 9 del segundo texto.

[10] Comentarios hechos personalmente al autor, en diciembre del 2005.

[11] Con otras palabras, Franz Hinkelammert nos dice: “La relación mercantil, hoy totalizadora, produce distorsiones de la vida humana y la naturaleza que amenaza esta vida, y precisamente la vivimos como amenaza. Experimentamos el hecho de que el humano es un ser natural con necesidades que van más allá de las simples propensiones a consumir. Satisfacer necesidades resulta ser la condición que decide sobre la vida y la muerte; mas la relación mercantil totalizadora no puede discernir entre la vida y la muerte, sino que es una gran máquina aplanadora que elimina toda vida que se ponga en el camino por el que avanza. Pasa por encima de la vida humana y la naturaleza sin ningún criterio, salvándose sólo quien logra quitarse de su paso. En Ambien-tico, No. 82, julio del 2000.

[12] En “Estudio Comparado de los Sistemas de Salud de Mercosur y Chile”, de Daniel Olesker, profesor de Ciencias Económicas de la Universidad de la República, de Montevideo. Versión del archivo http://www.buap.mx/word/daniel8.doc

[13] Por supuesto, los medios nunca hablan de su contribución a la generación de violencia social, propalando valores falsos. Fuimos testigos de la forma descarada como TV Azteca defendió a Paco Stanley, asesinado en un restaurante capitalino por razones vinculadas con el tráfico de drogas. También nos damos cuenta de que las películas que pasan por televisión en cualquier horario, presentan como “héroes” a homicidas, ladrones y prostitutas.  Pero lo más relevante es que son las estaciones televisoras las beneficiarias del cambio de rumbo del gasto público, que al orientarse al sostenimiento de los partidos registrados, da como resultado que la mayor parte termine en sus arcas, como pago de la propaganda política que es hoy la única que posibilita ganar elecciones.

[14] Loc. cit., página 3. En lo personal, creemos que el estado neoliberal puede caracterizarse como desertor, pues abandona toda responsabilidad de índole social, para servir solamente a los propietarios privados, a la manera del viejo liberalismo del siglo XIX.

[15] Noami Klein calcula en 500 mil millones de dólares el déficit estadounidense. Véase: “La Gran Hipocresía de la Casa Blanca”, en Masiosare, suplemento de La Jornada, número 313, domingo 21 de diciembre del 2003, página 12, traducción deTania Molina Ramírez. Esta descomunal irregularidad del “libre mercado”, existe porque los países endeudados tributan a favor de los acreedores, que con ello pueden empujar las “reformas estructurales”.   

[16] “El Poder Ilimitado de Estados Unidos es Ilusorio”, entrevista de Carlos Alfieri, en La Jornada Semanal, número 449, 12 de octubre del 2003, pp. 2-4. Por cierto, entre las tesis que sostiene Tood  hay dos muy llamativas: 1.- Que la invasión a Irak por parte de USA constituye una agresión a Europa, pues el imperio teme el crecimiento económico que el viejo continente ha alcanzado. Y 2.- Que la industria es “la verdadera potencia”, y que por ello Europa la cuida y no tiene interés en involucrarse en guerras de desgaste.  

[17] Es sencillo entender la desesperación del gobierno de Vicente Fox por ampliar el IVA a alimentos y medicinas, pues forma parte de los deberes que le impuso el FMI y que él cumple con agrado. Ni en broma plantearía que hay que obligar a tributar a los especuladores que obtienen ganancias exorbitantes en la Bolsa de Valores.

[18] Los argentinos fueron víctimas del saqueo desenfrenado, cuando los bancos se declararon en quiebra y pusieron un “corralito” a sus depósitos. Nunca más volvieron a ver los dineros que durante un par de décadas habían ahorrado.

[19] Cfr. “Los Tribunales que Legislan”, en Masiosare, número 365, domingo 19 de diciembre del 2004, pp. 3-5. El clerical funcionario encomienda a la virgen de Guadalupe a los trabajadores, para que mediante sus milagros, vean mejorar su nivel de vida. 

[20] Véase: “Cuando la Paz es la Guerra”, en Masiosare, número 365, domingo 19 de diciembre del 2004, pp. 6-10.

[21] En www://prensalatina.com.mx

[22] Hay anécdotas que si no fueran dolorosas, serían risibles. Por ejemplo la famosa declaración del director del Instituto nacional de Antropología e Historia,, Saúl Juárez: “nosotros pertenecemos y dependemos del Consejo. Acuerdo y estoy sujeto a las aprobaciones de Sari Bermúdez, independientemente de los asuntos de carácter jurídico, que son un pendiente en el que se tiene que trabajar mucho”. (La Jornada, 19 de diciembre del 2002). Los “asuntos de carácter jurídico de que habló el funcionario son tan “insignificantes” como el siguiente: el INBA tiene personalidad jurídica, en tanto que Conaculta carece de ella.

[23] Acorde con la intención de maniatar al próximo presidente de la República, que eventualmente puede ser Andrés Manuel López Obrador, se quiere que en materia de “industrias culturales” se establezca “una política de Estado”, para que no se estén haciendo cambios cada seis años. Así se desprende de lo declarado por Monseñor Abascal Carranza, secretario de Gobernación. Ver La Jornada de enmedio, 1 de octubre del 2005, página 6a.

[24] Cona(in)culta, en La Jornada, 7 de octubre del 2005, página 24.

[25] Entrevista con Enrique Vargas, Milenio diario, 3 de octubre del 2005, página 53.

[26] Entrevista con Roberto Ortega y Enrique Vargas, la Jornada de enmedio, 24 de septiembre del 2005, página 8a.  

[27] “Rechazo a la Iniciativa de Ley de Fomento y Difusión de la Cultura Presentada por el Ejecutivo Federal”. Desplegado en Milenio diario, 28 de septiembre del 2005, página 40.

[28] Aunque formalmente depende de la SEP, el Conaculta ha operado en la práctica como una Secretaría de Estado, dependiente directamente del Presidente de la República. Y si bien esto podría ser positivo, en la actualidad constituye un vicio, porque ese organismo está completamente desvinculado de la comunidad cultural del país y funciona con criterios gerenciales.  

[29] Seguimos en lo esencial la ponencia de Cuauhtémoc Velasco Ávila, “Comentarios Acerca de la Ley de Fomento y Difusión de la Cultura”. Mimeo.

[30] Loc. cit.

[31] “Cuántos sitios se destruirán bajo el pretexto de la modernidad”, en la sección cultural de El Financiero, 27 de septiembre del 2005, página 52. 

[32] Esto es tan notorio, que su delfín Felipe Calderón basará su campaña en irse sacudiendo poco a poco las herencias del guanajuatense y de su conflictiva esposa.

[33] También hay probabilidades de que triunfe en Chile la candidata socialista, aunque debe recordarse que Lagos constituyó una decepción mayúscula, pues aplicó las recetas del FMI como si fuesen palabra divina. Este mismo comportamiento ha seguido por un tiempo Lula en Brasil, aunque el poderoso Movimiento de los Sin Tierra le hace un formidable contrapeso.

[34] “…por primera vez en la historia, un solo imperio, con un arsenal de armas que podría arrasar con el mundo, en una tarde, tiene una absoluta hegemonía unipolar económica y militar, opina Arundhati Roy. Ver: “Movimiento por la Justicia Global. Un Arma que debe ser afilada”, en Masiosare, domingo 25 de enero del 2004, pp. 5- 8.

[35] Cfr. Noami Klein, “La democracia según Bush: Designación en lugar de Elección”, en Masiosare, cit., páginas 8 y 9.

[36] Es muy significativo que, antes de su asunción de la presidencia, Evo Morales haya hecho un llamado a la administración norteamericana a desechar cualquiera tentación de invadir Bolivia.

[37] Para nadie es un secreto que las leyes sobre la cultura que proponen los panistas, tienden a mercantilizar el uso de nuestros monumentos prehispánicos, de meter al mercado las costumbres de los pueblos indígenas y de hacer que la ganancia sea la norma reguladora de la propiedad de la tierra. 

[38] John Saxe Fernández, Loc. cit.,  página 35.

[39] Por eso cobra fuerza la expresión de Antonio Skármeta: “La gratuidad era el triunfo del arte sobre los bellacos que traficaban muerte y fealdad en todas partes. El comercio no tenía derecho a proteger a las artes”. El Baile de la Victoria, editorial Planeta, México, 1993.

[40] Saxe Fernández, loc. cit., páginas 37 y 38.

[41] Cualquiera se da cuenta de que las televisoras nos han impuesto la cultura de la telenovela y del futbol globalizado. Ellas programan la conducta de la sociedad, pues su influencia ha crecido enormemente a partir de que son quienes más ganan con el modelo neoliberal. En lugar de que el Estado se encargue, por obligación, de las tareas educacionales y culturales de la sociedad, se las entrega a los empresarios, que luego se hacen pasar como “benefactores” o “filántropos”. Es cierto que hemos ganado la posibilidad de criticar a los políticos, del rango que sean, pero en los medios está prohibido cuestionar a los dueños del dinero, especialmente si son los propietarios de los monopolios televisivos.  

[42] “Negocio que no deja, dejarlo”, se dice acerca de las actividades comerciales. Ahora también se aplica este adagio a educación.

[43] Esto no tendría por que ser motivo de preocupación, pues desde la perspectiva de los neoliberales los que triunfan son los hábiles, los inteligentes, lo preparados, mientras que los fracasan son los ineptos, los perezosos, los incapaces.

[44] El consumo de productos que no traen ningún beneficio a las personas, sólo se explica por la publicidad aplastante que se hace de ellos. No hay mejor ejemplo de ello que la Coca Cola.

[45] En efecto, si en vez de sacar el máximo provecho de una cosecha, su dueño la comparte con quienes viven cerca de él, está perdiendo posibilidad de ganancia. Esto va en contrasentido de las leyes mercantiles, conforme a las cuales sólo importa la ganancia.

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