¿Guerra Sicológica o destrucción de la conciencia social?

Fabián Escalante Font
2008-08-29

Cada día, en la mañana, leemos en los periódicos o conocemos por otros
medios, noticias, debates o artículos de opinión, relativos a conflictos
políticos, sociales, laborales o de otra naturaleza, con tonos críticos, que
en aparente neutralidad enjuician tal o cual situación o la actuación de
determinada personalidad política o de cualquier esfera social, con las
secretas intenciones de formar o crear un estado de opinión determinado. Día
tras día, así se van acumulando informaciones en nuestras psiquis, muchas de
ellas tendenciosas y destinadas a conformar opiniones, que más tarde
devienen en juicios, estados de ánimos, opiniones adversas, contradicciones,
que tienen la finalidad de actuar sobre un escenario determinado,
modificarlo o incluso cambiarlo. Es precisamente eso, lo que los
especialistas han denominado “guerra sicológica”, cuyo fines políticos e
ideológicos, resultan evidentes.
En otras palabras, la “guerra sicológica” es el arte de la manipulación de
la conciencia a través de los medios masivos de información.
El concepto de “guerra sicológica” se comenzó a formar en Estados Unidos a
finales de la década del 40, en el pasado siglo, con el inició de lo que se
denominó la “guerra fría”. Es precisamente en esa época, en la que se
formuló su concepto, que van a figurar por primera vez en 1951 en el
diccionario del Ejército norteamericano bajo la siguiente definición:
“La guerra sicológica, son las acciones emprendidas por parte de una o
varias naciones en la propaganda y otros medios de información contra grupos
enemigos, neutrales o amigos de la población, para influir en sus
concepciones, sentimientos, opiniones y conductas, de manera que apoyen la
política y los objetivos de la nación o grupo de naciones a la cual sirve
esta guerra sicológica”.
En otras palabras, el fin es socavar y desestabilizar al país, organización
o persona objeto del proyecto.
Probablemente por ello, uno de los adalides de la “guerra fría”,
representante legal de la conocida “United Fruit Company”, John Foster
Dulles, secretario de Estado en los cincuenta, expresara:
“Hemos gastado millones de dólares preparándonos para la guerra de las
armas, pero hemos gastado poco para la guerra de las ideas y ahora sufrimos
fracasos que no se pueden compensar con nuestro poderío militar”. En la
misma época, el director de la Agencia de Información de Estados Unidos,
USIA enriquecía el concepto con la siguiente idea: “La simple introducción
de la duda, en el cerebro de las personas, ya significan un gran éxito”
Más recientemente, en la década de los ochenta, durante la feroz y
despiadada guerra desatada por Estados Unidos contra Nicaragua, la Agencia
Central de Inteligencia de ese país, invento para las fuerzas
contrarrevolucionarias un “manual de operaciones para la guerra sicológica”,
que entre otras muchos conceptos, incluidos el asesinato político, expuso:
“La guerra de guerrilla es esencialmente una guerra política. Por eso sus
áreas de operaciones exceden los límites territoriales de las guerras
convencionales, para adentrarse en la conciencia del hombre (S.) el ser
humano debe ser considerado como el objetivo prioritario de la guerra
política, y concebido como el blanco militar de la guerra de guerrillas, el
ser humano tiene su punto más crítico en la mente. Una vez alcanzada su
mente, ha sido vencido el animal político, sin recibir necesariamente balas.
La guerra de guerrillas nace y crece en un ambiente político; en el combate
constante por dominar esa área de mentalidad política que es inherente a
todo ser humano, y que colectivamente constituye el “ambiente” en que se
mueve la guerra de guerrillas, y que es donde precisamente, se define su
triunfo o fracaso. Esta concepción de guerra de guerrillas como guerra
política, convierte a las operaciones sicológicas en el factor determinante
en los resultados. El blanco es entonces, las mentes de la población, de
toda la población, nuestras propias fuerzas, las del enemigo y la población
civil”.
Estas definiciones treinta años después de las primeras, explican, la
experiencia adquirida por los servicios y organismos especializados de
Estados Unidos, en su actuar contra nuestros pueblos. Numerosas
instituciones “no gubernamentales” han surgido a la palestra pública, con
tales fines. Entre ellas la Fundación para el Desarrollo de la Democracia
(National Endowment for Democracy – NED) y el Instituto Internacional
Republicano (International Republic Institute- IRI), junto a la
archireaccionaria “Heritage Foundation”, ocupan un lugar privilegiado.
Fabrican artículos, campañas, imágenes de personas y todo lo que imaginar se
pueda, para lograr sus fines: confundir, engañar, desviar. Por otra parte,
en cada embajada norteamericana, dependiendo de la CIA, la USIA u otra
agencia especializada, una sección se ocupa del trabajo con los medios
masivos y las campañas mediáticas. No siempre resulta ingenua tal o mas cual
ataque aparecido en un medio, contra posiciones o lideres revolucionarios.
Al escribir estas líneas, me viene al recuerdo aquella magnífica película en
que actúan Robert de Niro y Dustin Hoffman, en la cual, un presidente
norteamericano, atribulado por el escándalo de una aventura amorosa,
vísperas de su reelección, contrata a un productor de Hollywood para
fabricar una guerra inexistente y desviar así a la opinión pública. Ese es
el concepto. Hacer creer, lo que precisamente no existe.
De manera tal, las campañas de “guerra sicológica”, lo que pretenden es
descomponer la sociedad, desacreditar a sus líderes y organizaciones
vanguardias, en otras palabras, subvertir políticamente el área donde se
proyecta, ablandarla, descomponerla, para después, apoderarse de ella.
Recientemente se desarrollo el referendo revocatorio en Bolivia, donde por
iniciativa del presidente Evo Morales y por primera vez en su historia
republicana, el país, tuvo la opción de cambiar las autoridades
constituidas. Examinar una sola vez los ejes de las campañas mediáticas
elaboradas contra el dirigente boliviano, los insultos y calumnias, las
mentiras expuestas, para comprobar como todos los conceptos enumerados,
relativos a la guerra sicológica, fueron aplicados. Casos parecidos suceden
en Venezuela, Nicaragua y Ecuador, donde sus dirigentes y organizaciones,
son ultrajados y calumniados mediante campañas diseñadas en Washington, por
asépticos “especialistas”, que desde sus refrigeradas oficinas reciben las
encomiendas gubernamentales.
Sin embargo, como lo muestra la historia reciente en Venezuela, donde se
ensayan todos los experimentos mediáticos y de guerra sicológicas conocidos,
han fracasado y es que los pueblos son sabios y cada vez creen menos, en las
novelitas rosas, de las campañas subversivas.
Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedras, al decir de Martí
y Fidel, hoy en éste mundo globalizado, debemos prepararnos para enfrentar
la guerra sicológica y mediática desencadenada por Estados Unidos contra
nuestros pueblos. En la batalla de ideas, de conceptos, los revolucionarios
también venceremos.
Fabián Escalante es general de división retirado,  investigador en Asuntos
de Seguridad Nacional, que ha publicado numerosos títulos referidos a la
subversión de Estados Unidos contra nuestros pueblos.

 

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